Los «hijos-perro» están a la alza

Algunos lectores de este blog, tendrán identificado que yo soy una defensora de los animales y cuando hay noticias de ello me gusta venir a compartírselas. En esta ocasión no es una noticia pero sí una reflexión sobre el fenómeno que estamos viviendo en todo el país y que en personas de 25 a 32 años (mas o menos) está pasando: el amor hacia una mascota en remplazo de un hijo.

No me malentiendan, un hijo jamás podrá ser cambiado por un perro o una mascota, pero sí es cierto que muchas parejas están decidiendo no tener hijos o aplazar la llegada de uno por cuestiones económicas o simplemente para disfrutarse más como pareja. Al decidir esto, compran o rescatan a algún animal para darle todo eso que se le podría dar a un hijo: amor, atención, cuidados y educación. Esta tendencia es más notoria en las ciudades como Distrito Federal, Guadalajara o Monterrey, porque las personas tienen acceso a más educación y por lo tanto planean un poco más la familia que desean.

Según datos estadísticos del INEGI, en nuestro país existen cerca de 18 millones de perros, población que supera por mucho la de infantes menores a los 9 años o la población mayor a 75 años. Del total de canes que hay en el país, sólo 5.4 milones de ellos tienen un hogar, el resto vive en la calle o está espera de adopción.

De los que tienen hogar, la mayoría tiene dueños jóvenes que viven juntos o que están por hacerlo y representan el 8.5% hasta el 2006, pero esta población ha aumentado gracias a los programas de adopción y rescate de animales de la calle. En comparación con los datos que el INEGI arroja sobre los nacimientos en el país, ahora sabemos que por cada 8 perros hay un bebé lo que nos coloca como un país canino.

¿Y cómo llegamos a esta situación?, sencillo: tener y atender a un perro es mucho más sencillo y económico. Basta sacarlos a pasear, darles comida y revisiones veterinarias o servicios de estética con frecuencia. La etapa de "bebé" de un can es mucho más corta y es más sencillo educarlos, porque al final son animales y no deben aprender a a hablar o a socializar con todos las personas; en cambio para recibir a un hijo hay que estar preparados económicamente y también como padres, pues el tiempo se invertirá en el pequeño.

Las personas que tienen mascotas y las quieren tanto como a un integrante de la familia, son capaces de reducir salidas de la ciudad, horarios laborales y destinar gran parte de sus ganancias para comprar accesorios como ropa, carreolas y juguetes para sus canes, como en teoría debería pasar con los hijos; pero ojo, mimar tanto a una mascota a la larga tiene repercusiones: ansiedad por separación, que es el malestar que puede presentar una mascota por no ver a su dueño las suficientes horas y cuando está acostumbrado a hacerlo.

Al final de cuentas los que más sufren son las propias mascotas, pues al ser seres que aprenden las costumbres y necesitan una rutina, al cambiárselas porque el humano lo hace de su pertenencia más que de su compañía, puede generar una conducta antisocial con otros perros o hasta de agresividad. Recordemos, el cuidar a un perro (animal de compañía) se necesitan reglas, límites y sobre todo jerarquías.

Al final de cuentas nos preguntamos ¿cómo podemos saber si nuestro perro es una mascota a la que queremos mucho o ya es un perro-hijo? Hay algunas pistas que nos pueden dar la respuesta:

  • Tienes mucha ropa, accesorios y juguetes.
  • Convive más con personas que con perros.
  • Duerme muy cerca del dueño.
  • Recibe regalos de navidad o de cumpleaños.
  • Tiene accesos a todos los espacios de la casa sin restricción.

¿Qué tipo de mascota tienes tu?

Imagen: Soggydan