A propósito del Día Internacional del Orgullo Gay

Dicen que todo comenzó en un pequeño bar operado por la mafia, en Greenwich Village, Nueva York. Un local llamado Stonewall Inn, donde los raros entre los raros --esos que, incluso entre los despreciados, son despreciados-- solían reunirse. Dicen que todo comenzó ahí, tras una revuelta donde los maricones, las maricmachas y las vestidas --toda esa fauna prescindible a los ojos de las "buenas consciencias"-- levantaron los puños contra los abusos del poder, haciéndole ver su suerte a los uniformados que, aquella noche, estaban dispuestos a darles el acostumbrado levantón. Ocurrió un 28 de junio de 1969 y trascendió como la famosa Revuelta del Stonewall Inn que derivaría, años más tarde, en el Día Internacional del Orgullo Gay, también conocido como Gay Pride en los países anglosajones, y que, traducido como Orgullo Gay, ha generado más equívocos que puntos de unión.

Uno de los principales reparos a este término ha sido la posibilidad --o, más bien, imposibilidad-- de estar "orgulloso" de una determinada preferencia sexual. Especialmente porque en nuestra lengua la definición de la palabra no es del todo alentadora y la rama norteamericana de la psicología se ha esforzado en mostrar a la orientación sexual como un "hecho biológico" (lo cual aún sigue siendo discutible). Para el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, esta es la definición de "Orgullo":

orgullo.
(Del cat. orgull).
1. m. Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas.



¿Se puede estar orgulloso de una preferencia sexo-genérica? Claro, como de un color de ojos, del tamaño de la nariz, un tatuaje o una determinada prenda. Asociar este significado con el concepto "Gay" (al cual habría que darle su revisita, también) lo dota de una cierta vacuidad infantil o una vanalidad desesperanzadora. Sin embargo, podría dársele una vuelta de tuerca a la traducción y entenderla mejor como sinónimo de "Dignidad" (claro, esto estirando un poquito de más las palabras; pero para eso son, para usarlas). Si nunca has sido atacado por tu preferencia sexual o tu preferencia de género (tu "masculinidad" o "feminidad"), sea con un comentario, una risilla, un golpe o --ni Jebús lo mande-- una cuchillada, difícilmente puedes entender esta cara de la palabra "Orgullo".

A lo que voy: "Dignidad" puede ser sinónimo de "Orgullo" cuando entendemos a éste ultimo como una respuesta a las humillaciones y continuos ataques que llegan por todos lados (no es lo fuerte, sino lo tupido). Implica un proceso de --y esta palabra no me gusta del todo-- "empoderamiento"; término utilizado en la psicología gabacha para definir el momento en que el sujeto (o la sujeto) saca fuerzas de sí mismo o el medio, cuando cobra consciencia de su derecho a existir, donde "se llena de poder" (fans de Foucault, no me peguen) y busca la manera de sobrellevar las situaciones adversas; es decir, cuando dice ¡Basta!, como la mujer que abandona al esposo por golpearla, el chico o la chica que se levanta contra el bullying (castellanizado como bulling, por cierto), el ciudadano que se niega a ser partícipe de la corrupción. Y así.

Entonces, al ser consciente de su dignidad cobra esta actitud ¿Orgullosa?... llamémosla de valía. Pensemos entonces, en cómo debe sentirse eso. Remitámonos al momento en que un chico de preparatoria decide jugársela, harto de excusas, pretextos y mentiras a sus padres y amigos, experimentando su propia "situación límite", el tope del hartazgo y, como la canción de Yes I am de Melissa Etheridge, dice: "Sí, soy gay". O en la chica que se aproxima a los 30, y, cansada de la reiterativa pregunta de las tías entrometidas "¿Y tú para cuándo sales?", toma valor en plena boda de la prima más fea y dice: "Soy lesbiana y ella no es mi amiga, es mi pareja; llevamos cinco años juntas". Sí, el-es-cán-da-lo. A eso, creo, se refiere el tan mentado Gay Pride, que mejor llamaríamos, Dignidad de la Diversidad Sexual para ser más políticamente correctos.


Porque esa sería el segundo pero al término "Orgullo Gay". Por un lado, es un término --también de origen anglosajón y que remite al concepto de "alegría, felicidad"-- que se utiliza para denominar a los varones homosexuales (y todas y todos los no-heterosexuales, de paso; borrándonos). Pero también implica un estilo de vida, una posición frente al mundo, la política, la economía, el cuerpo, etcétera. ¿Qué es lo gay? En el mundo mediatizado, es la imagen del varón caucásico, recién salido de un gimnasio, dispuesto a vender su alma con tal de vestir la última tendencia o asistir al bar de modè. Este fanático del pop, en algunas ocasiones "culto", en otro sabihondo de los menesteres más frívolos de la humanidad, como una enciclopedia de revistas del corazón. Pulcro, de maneras refinadas... y algo que muchos, no somos.

Para muchas y muchos, el término "gay" alude a una posición bastante cómoda dentro del sistema mundo que nos rige. Es decir, un comodino o sibarita dentro del capitalismo neoliberal. Imagen socialmente compartida que des-politiza el movimiento que, aunque lucha por demandas específicas, no implica que no pueda ser solidario con otros movimientos de denuncia social, como el feminismo, el zapatismo, et al. Además, bajo el término gay se oculta a múltiples sectores que por angas o mangas no hemos tenido una voz clara en el movimiento; a saber, las lesbianas, el colectivo Trans (Transgénero, Transexual y Travesti), las y los bisxuales y la población Intersexual. Incluso, dentro del llamado ambiente gay (espacios físicos y cognoscitivos de relación e interacción social) somos denostados, mal visto e, incluso, discriminados.

De ahí que creo sea preferible hablar de la Dignidad de la Diversidad Sexual (en vez del mentado "Orgullo Gay"), un término donde todos cabemos, incluso las personas heterosexuales. Pensar bajo el esquema de la Diversidad implica algo más allá de una contenta y pintoresca aldea de los Pitufos donde todos "seamos amiguis"; al contrario, significa pensar en una serie de encuentros y desencuentros, de continúo debate y continuos acuerdos. Porque buscar un término que englobe a un grupo de personas es prácticamente imposible. Tienen más afinidad un metalero al que le gustan los hombres con un metalero al que le gustan las mujeres que con un chico que pasa sus tardes aprendiendo coreografías de Britney Spears. Y no porque una actividad sea mejor que la otra, tan sólo que la preferencia sexual no basta para agrupar. Aunque el hecho de compartir una posición de "desventaja social" puede llevar al chavo metalero a tener una plática personal más profunda con el coreógrafo de Britney Sepears. Así las cosas...

La construcción de una sociedad que se reconozca así misma como diversa parece ser la tarea de principios de siglo. ¿La libraremos? Reconocer nuestra dignidad, así como la de la otra y el otro, parece ser una buena utopía... Feliz día internacional de la dignidad humana, pues.

Imágenes: Roberto Domínguez | Alejandro Ortíz Sotomayor