El escándalo en la selección sub-22 y las buenas conciencias

Parece que el fútbol mexicano no puede pasar un rato sin que estalle algún escándalo que se robe las portadas. Inmersos en una época de sobredosis pambolera, este verano el balón en pan nuestro de cada día. Todo indicaba que los equipos representativos estaban superando sus respectivas crisis. Por un lado, la selección mayor había dejado de lado la sombra de los casos de dopaje por clembuterol, alzándose con la Copa Oro tras un contundente triunfo ante Estados Unidos. Del otro lado, el seleccionado sub-17 terminó con tres victorias la primera fase del Mundial de la especialidad, jugando sin problemas en las dos sedes más cuestionadas por la violencia (Morelia y Monterrey).

Sin embargo, ahora estalla otra bomba en las manos de la Federación Mexicana de Fútbol. Tras un partido amistoso del Tri sub-22 en Ecuador --como preparación para su participación en la Copa América de Argentina-- surgió la denuncia de un robo en el hotel donde se concentraron. Al iniciarse la investigación, los responsables del lugar afirmaron que el hurto se debió a que los jugadores dejaron ingresar a un grupo de prostitutas la noche anterior. Ellas se habrían llevado las llaves, usándolas para entrar a las habitaciones al día siguiente y cometer el delito.

En el terreno deportivo, el cuerpo técnico determinó sancionar a los ocho jugadores que participaron en la fiesta (Israel Jiménez, Néstor Vidrio, Jonathan dos Santos, Marco Fabián, Jorge Hernández, Javier Cortés, David Cabrera y Néstor Calderón), por lo que se perderán la Copa América. Los jugadores serán inhabilitados por seis meses y deberán pagar una multa de 50 mil pesos, la cual será donada a una institución de beneficencia. Han llamado a otros ocho jugadores para suplirle, quienes deberán acoplarse para un torneo que inicia en menos de una semana.

Sin embargo, quiero alejarme un poco de las canchas con este tema. Por desgracia, este tipo de incidentes influyen mucho en el imaginario colectivo. Más, incluso, de lo que queremos aceptar. A propósito, quiero rescatar el caso de Carlos Salcido. El caso es similar: una fiesta en una concentración por un partido, con mujeres involucradas. Acá las revistas de espectáculos --y varios medios deportivos-- aprovecharon que uno de los asistentes se identificó como travesti para despotricar en contra del defensa y en contra del sexoservidor.

Los comentarios, por supuesto, iban cargados de tintes de discriminación, reafirmando esta condición machista del fútbol. ¡Cómo es posible que un futbolista tenga esas desviaciones sexuales! ¿Gays en el fútbol? ¡Inaceptable! Los chistes derivados de la situación, que muchos ven como expresiones inofensivas, terminan por confundir más a la sociedad en temas de tolerancia y aceptación. Se deja un mensaje incorrecto, sin entender que atrás de los estereotipos hay personas. Si no me cree usted, anímese a preguntarle al prójimo si conoce la diferencia entre un travesti y un transexual.

Estoy seguro que el escándalo de la sub-22 sacudirá a "las buenas conciencias", ésas que sin reparo se lanzan a criticar los fenómenos en lugar de comprenderlos. De nuevo, es la prostitución la que queda en la mirada pública (y con las putas, las mujeres, si vamos de paso). O dígame, ¿el aficionado está molesto porque los jugadores incurrieron en una actividad ilegal o porque entraron al hotel cuando debían estar concentrados para el partido? ¿Sería socialmente aceptada esta práctica si se hubiera realizado fuera del ambiente futbolístico? ¿La moralina viene porque sostuvieron relaciones sexuales, porque lo hicieron con prostitutas o porque mancillaron el sagrado manto de la selección mexicana?

Este tipo de preguntas no se realizan. No. Los foros de discusión prefieren saciar el morbo, seguramente frotándose las manos e indagando para exprimir hasta la última gota del tema. Es cierto que el fútbol es espectáculo, pero en un país donde su importancia social es tan alta, también se debe entender como un fenómeno cultural que afecta la manera en que percibimos las cosas. Ojalá las buenas conciencias duerman tranquilas sabiendo que están ayudando a perpetuar la intolerancia.

Imagen: PachTV