Porfirio Díaz y sus postales desde el exilio

Hace un siglo exacto, uno de los personajes más controvertidos de la historia de México debió subir a primera hora a la cubierta del buque alemán Ipiranga. Casi puedo verlo aferrándose a los barrotes de la baranda tratando de evitar el vaivén sosegado (ése al que dicen uno se acostumbra a los pocos día en alta mar) y mirando a su alrededor cómo el océano se extendía bajo su mirada, enorme y eterno, coloreado en los tonos rojizos del amanecer. Juego de imágenes nada irónico, pues en lengua tupi-guaraní, el nombre del buque significaba: "Agua Roja".

Siendo el 2 de junio de 1911, llevaría tres días viajando junto a su familia --que a diferencia de él, sin educación militar, aún reposaba en los camarotes--. La infección bucal que meses más tarde debería atenderse en Suiza, apenas era una distracción para su mente turbada, confusa. Sí, la mirada de don Porfirio Díaz, tirano y héroe, aún buscaba con nostalgia las casas que presidían el puerto de Veracruz, lugar que lo recibió y despidió como un prócer, ofreciendo cenas y banquetes en su honor. Apenas era el tercer día de los 24 que duró el viaje trasatlántico que lo llevó a Paris, su última morada, donde aún hoy reposan sus restos. Y, seguramente, en ese tercer día ya extrañaba ese país con el que no se supo entender.

Las historias de exilio tienen siempre un no sé qué que parecen invitar a la nostalgia y la desgracia poética. José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, el dictador más famoso de nuestro historia, se exilió a Francia el 31 de mayo de 1911, instalándose en Paris, la famosa Ciudad Luz, donde sus restos aún reposan en el cementerio de Montparnasse tras su fallecimiento ocurrido el 2 de julio de 1915 a los 84 años de edad. De su vida cotidiana en el exilio parisino tenemos información gracias a su esposa, Carmen Romero Rubio y al archivo fotográfico que el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) ha puesto a nuestra disposición en su sitio web.

Aquí colgamos algunas de las fotografías que aparecen en el INEHRM esperando logran abrir el apetito para echarle un vistazo más detenido, pues en el sitio también aparecen documentos facsimilares como su renuncia firmada y su acta de defunción. Pocos personajes en nuestra historia se han ganado tan a pulso el repudio y devoción de los especialistas; tal vez sólo compitiendo en estos cánones con Benito Juárez, otra figura polémica que ha sido por igual ensalzada y denostada.

Imagen: INEHRM