¿Se puede ser secretario de Estado y aspirante a la Presidencia a la vez?

Dice un conocido refrán que no se puede chiflar y comer pinole. Esta perla de la sabiduría popular se utiliza cuando una persona desea realizar simultáneamente dos actividades que son incompatibles. Así, la frase les queda como anillo al dedo a los secretarios Javier Lozano (Secretaría del Trabajo y Previsión Social) y a Alonso Lujambio (Secretaría de Educación Pública), quienes perjuran que se puede ser secretario de Estado y suspirante presidencial a la vez.

No nos hagamos. Es imposible compaginar ambas actividades. No se trata de una cuestión de capacidades --a lo mejor sí son multitasking y pueden con todo el paquete-- sino un problema de conflicto de intereses. Por supuesto, ellos no son los únicos en negarse a abandonar su puesto de cara a las elecciones de 2012. A Marcelo Ebrard ya le han pedido en varias ocasiones que renuncie para no usar sus logros en el Distrito Federal como plataforma política. Mismo caso el de Ernesto Cordero, titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, cuya base se cimienta en pregonar los logros económicos del país --aunque no con mucho éxito que digamos--.

Es obvio que a los candidateables no les conviene alejarse de la escena pública. A través de sus secretarías, pueden asegurarse una cantidad cómoda de titulares en los diarios, seguimiento de sus actividades y buena recordación entre el electorado. Pero en el terreno de lo moral --ése que cada vez parece importar menos-- la función pública se utiliza sólo para aprovechar los reflectores, el relumbrón y la tarima. Claro que también se trata de un juego peligroso para la imagen pública, porque lo mismo reditúa este proselitismo disfrazado que sepulta una aspiración con una cadena de errores.

¿Y cuál es el papel del Instituto Federal Electoral? De espectador. Mientras la campaña no se inicie en forma, parece que no están dispuestos a entrar en este terreno. Desde mi perspectiva, las declaraciones de Alonso Lujambio y Javier Lozano son un tanto cínicas, aduciendo que están haciendo uso de sus derechos políticos. En efecto, eso no puede negárseles; pero no se debería tomar una posición ventajosa, en donde quepa la sospecha de malversación de fondos, desatención de funciones y provecho político. Porque, ¿saben qué es lo que le pasa a los que chiflan y comen pinole? Tarde o temprano, se atragantan.

Imagen: Tribuna del Sur