A propósito del Festival de Globos de Cantoya y Joaquín de la Cantolla

La sexta edición del Festival de Globos de Cantoya está próxima a realizarse, del 22 al 24 de julio de 2011, en Paracho, Michoacán. En esta ocasión, el festejo reunirá a creadores de Brasil y Colombia, además de los célebres artesanos purépechas de la región, expertos en la confección de estos coloridos globos utilizando materiales como papel de china, pegamento para guitarra y humo de madera de ocote para elevarlos. Además del vuelo de globos habrá exposiciones, talleres, rescate de juegos tradicionales y muestra gastronómica, todo enmarcado por la belleza de los paisajes michoacanos. Este festival, cuya primera edición fue en 2006, reúne a artesanos de todo el país, pues a pesar de ser un tradición reciente, está arraigada en el gusto de múltiples poblaciones en el centro del país.

El nombre de estos curiosos artefactos está ligado indefectiblemente a quien los popularizara en nuestro país Joaquín de la Cantolla y Rico durante las primeras décadas del siglo pasado. A este desafortunado y entusiasta telegrafista originario de la Ciudad de México su pasión le costó la vida --y también un ojo--, pero logró colarse a la historia como el pionero en la construcción de globos aerostáticos en nuestro país, llegando incluso a fundar la Empresa Aerostática de México, primera compañía dedicada a la exploración de los viajes aéreos en el país. Y aunque célebre, la suerte no estuvo siempre de su lado. Se dice que, en cierta ocasión, mientras de la Cantolla sobrevolaba la Ciudad de México, sufrió una "bajada de aire caliente" y su globo, como es de esperarse, descendió sin control hasta atravesar un tragaluz en la casa de un obrero de Salto del Agua. Sus moradores, ni tardos ni perezosos, procedieron a darle la mejor de las bienvenidas: una golpiza fenomenal.

En otra ocasión, un sastre de apellido Avilés lo asistió durante uno de sus famosos ascensos, sosteniendo una de las amarras. Sin embargo, al elevarse el globo, el pobre sastre quedó enredado de una pierna y, tras un rato intentando liberarse, cayó al vacío justo sobre Palacio Nacional, perdiendo desafortunadamente la vida. Y quizás la peor de las tragedias ocasionadas por los globos fue su propia muerte, cuando invitado por Alberto Braniff, realizó un vuelo de prueba abordo de un un globo importado desde Francia. Habían alcanzado una buena altura cuando un revés de aire los redirigió hacia el Valle de Chalco, territorio que era controlado por las fuerzas zapatitas y que al verlo intentaron bajar el globo a balazos. Gracias a la intervención del ejercito, tanto el piloto como de la Cantolla salvaron el pellejo, pero el susto fue tan grande, que, se dice, sufrió un derrame cerebral al regresar a su casa, falleciendo a los pocos días.

En muchas regiones del país se elevan estos globos popularizados por el ingenioso telegrafista. Claro a mucho menor escala que los tripulados por él, pero eso sí, con menos accidentes.

Imagen: fireflies