Caso Mariel Solís: la defensa que comenzó en internet

Hace unas horas, Mariel Solís fue liberada después de que la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal determinara desistir de toda acción penal en su contra. Acusada de ser cómplice en el robo y homicidio de un catedrático e investigador de la UNAM hace dos años, Mariel fue detenida el viernes pasado y posteriormente recluida en el penal de Santa Martha Acatitla durante un proceso legal lleno de irregularidades. Miguel Ángel Mancera, titular de la procuraduría, anunció su liberación después de recibir decenas de testimonios aportados por amigos, familiares y profesores de la Máxima Casa de Estudios que pusieron en entredicho las "pruebas" que utilizó esta dependencia para privarla de su libertad.

Los testimonios aportados por sus allegados reiteraron lo anteriormente dicho en la campaña que emprendieron familiares y amigos a través de las redes sociales: #MarielSolís es inocente. Este ejercicio ciudadano volvió a poner en tela de juicio la efectividad de nuestro sistema de impartición de justicia; no sólo por las irregularidades presentadas durante el proceso, sino por su proceder autoritario y el mismo carácter endeble de las pruebas presentadas en su contra, fundadas en la declaración de uno de los asesinos y capturas de pantallas provenientes de los videos de seguridad de la sucursal bancaria donde el catedrático retiró dinero antes de ser asaltado y asesinado. A pesar de que en nuestro sistema judicial "las pruebas testimoniales no son prueba plena para culpar a alguien" y de que el parecido entre la mujer del video y Mariel es nula, se le dio el levantón por parte de dos judiciales y posteriormente se le trasladó al penal de Santa Martha, sin siquiera dejar pasar las 72 horas reglamentarias. Hoy Mariel está libre, ¿pero qué habría sido de ella si sus familiares y amigos no hubieran llevado este caso hasta los medios tradicionales valiéndose de las redes sociales?

Ser periodista en estos tiempos de infoxicación no es fácil. Muchos medios, tanto electrónicos como tradicionales, dieron a conocer la noticia como la "captura" de una presunta cómplice en el homicidio del catedrático, detallando cómo ella lo puso para que sus dos secuaces perpetraran el crimen. Sin embargo, los redactores elaboraron su nota a partir de las declaraciones dadas por el fiscal Central para la Atención del Delito de Homicidio, Joel Alfredo Díaz Escobar, la fuente que anunció la detención de Mariel. Y la nota seguramente habría quedado ahí --como tantas otras-- de no haber sido por la campaña que realizaron sus allegados, la cual logró colarse entre las apretadas agendas de los medios tradicionales a partir del lunes, donde se reportaba el "fenómeno" del movimiento en Facebook y Twitter.

Similar en ello al caso del documental "Presunto Culpable", la presión ciudadana y mediática sólo pudo lograrse a través de la difusión de la información, primero, en internet y, posteriormente, en los canales tradicionales de comunicación, donde si bien se reportó siguiendo los cánones del periodismo --con imparcialidad que parece más bien indiferencia--, al menos puso el reflector en el caso. A partir de entonces, tanto el tono como la información que se ha distribuido del suceso ha dado un giro que culmina hoy con la liberación de Mariel. Sin embargo, cabe preguntarse si las campañas que nacen en la ciudadanía y que se valen de las redes sociales podrán valerse de sí mismas en un futuro próximo para ejercer mayor presión ante las autoridades, librando los cercos informativos impuestos desde las redacciones de los noticiarios. O si, al contrario, deberán seguir el mismo rumbo que han tomado: de Twitter al diario y de ahí a la televisión que, a final de cuentas, sigue siendo el medio que a mayor número de personas alcanza.

Esto viene al caso porque parece que --y por desgracia-- parece más factible preguntarnos cómo controlar (y defendernos de) esta bestia de tres cabezas que tenemos por sistema de impartición de justicia en vez de cómo hacer para que haga lo que deba hacer: proteger al inocente y castigar al culpable.

Imagen: Terra