Caso Mariel Solís: suma de irregularidades y atropellos

Su rostro tal vez te resulte familiar; su caso a todos nos parece conocido. Profesores, amigos, conocidos y familiares de #MarielSolís han iniciado en los pasados días una campaña en las redes sociales para denunciar las irregularidades y ambigüedades ocurridas durante el proceso judicial que se realiza en su contra. A Mariel Solís, estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, se le acusa de ser cómplice en el homicidio de Salvador Rodríguez y Rodríguez, catedrático del Instituto de Investigaciones Económicas de la Máxima Casa de Estudios, quien lamentablemente perdió la vida durante un asalto perpetrado hace dos años.

Contra Mariel las autoridades han esgrimido, a manera de pruebas acusatorias, las declaraciones de uno de los dos detenidos --quien dicen identificarla como cómplice-- y capturas de pantalla tomadas por las cámaras de vigilancia de un cajero automático, donde aparece una mujer --cuyo semblante no coincide con el de Mariel--, haciendo fila mientras el catedrático retira el dinero que, minutos después, dos asaltantes buscarán arrebatarle, consiguiendo sólo quitarle la vida al resistirse al asalto. Aunado a ello, las autoridades han alegado otras razones para encontrarla culpable; razones que son todo, menos razonables, tales como el hecho de que ella vivía cerca de la escena del crimen, o que tiempo después cambió de teléfono y domicilio. Poco ha importado el hecho de que ella estuviera en las instalaciones de la universidad cuando ocurrió el delito, o que no exista prueba alguna que señale un vínculo directo con los criminales. Mariel ya ha sido recluida.

El viernes pasado Mariel se dirigía a las oficinas del portal electrónico donde realiza sus prácticas profesionales. Mientras caminaba por la calle, agentes de la Procuraduría General de Justicia se acercaron a ella y desde su vehículo comenzaron a gritarle: “Mariel, Mariel Solís, ¿eres tú?”. Ella, pensando que se trataba de un secuestro, apresuró el paso. Sin embargo, los judiciales le dieron el famoso levantón y le ordenaron que confesara. ¿Confesar qué? Un crimen del que ella no tenía noticia. Dicen las autoridades que al preguntarle su nombre, ella respondió que se llamaba Bertha. Tras pedirle una identificación aceptó que su nombre era Mariel. Pero quién en su situación no haría lo mismo. ¿Cómo saber que te están deteniendo legalmente si no te muestran una orden de aprehensión?

Los oficiales trasladaron a Mariel a la Fiscalía Central de Investigación para Homicidios de la PGJDF, en la delegación Azcapotzalco, donde ella continuó negándolo todo. A su madre le avisaron que su hija había sido detenida por robo, sin embargo, al presentarse en la fiscalía, aparecía acusado de homicidio en tentativa y robo calificado. Y aunque sus familiares estuvieron desde la tarde, no se les permitió hablar con ella sino hasta la noche. Al siguiente día, y antes de cumplidas las 72 horas reglamentarias, Mariel fue trasladada al penal de Santa Martha Acatitla, donde sólo su madre ha podido visitarla. Actualmente están transcurriendo las 144 horas (6 días) para que se presenten pruebas a favor de la inocencia de Mariel antes de que un juez dictamine sentencia. De no lograrlo, podría pasar hasta cuatro años en prisión preventiva.

Su familia ha levantado una queja ante la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), donde se da a conocer que fue detenida con exceso de violencia y sin presentar una orden de aprehensión, además de no respetar el plazo de las 72 horas antes mencionadas. En su carta abierta al público, sus allegados esgrimen las siguientes razones para argumentar su inocencia:

  • El parecido entre la mujer que aparece en el video y Mariel es nulo. La complexión, corte y tipo de cabello, así como su altura son distintos a los que Mariel tenía en 2009.
  • Ese día --reporta su prima-- Mariel estaba en la universidad, en su clase de idiomas.
  • Es ilógico que un cómplice en un crimen de este tipo se siguiera presentando a la universidad, utilizando sus documentos oficiales para registrarse en eventos o conservara su apariencia.

Como menciona la carta abierta, Mariel podrá salir bien librada de este procesos si logra llamar la atención de la ciudadanía y medios para que el caso se lleve adecuadamente gracias a la presión ciudadana, consiguiendo así su libertad. Sin embargo, quién borrará de su mente estos tragos amargos de cicuta, originados en fisuras de nuestro sistema judicial.

Imagen: Terra | Caso Mariel Solís