El narcotráfico recluta programadores en México, revela Kaspersky Labs

En Nicotina (2003), uno de los filmes menos conocidos de Diego Luna, el actor interpreta a un joven hacker que se mete en problemas con la mafia rusa. Los guionistas, quizá, no debieron irse tan lejos para desarrollar su trama, pues de acuerdo con el Equipo Global de Investigación y Análisis (GREAT) de Kaspersky Lab, los cárteles del narcotráfico están reclutando programadores para realizar tareas del crimen organizado.

Antes de proseguir, dejemos algo en claro. Borre usted todas las concepciones previas que tenga de un hacker de la televisión o el cine. En este caso, hablamos de jóvenes universitarios, de estudiantes de Ciencias Computaciones, Ingeniería en Sistemas o licenciatura afines. Hablamos de personas comunes, de chicos con habilidades --algunos, excepcionales-- para el desarrollo de software. Gente que trabaja en empresas normales, en universidades o centros de investigación; mexicanos comunes que se desempeñan profesionalmente en áreas de la informática.

Muchos de esos programadores tienen la mala suerte de encontrarse en las redes del narcotráfico. Según explica Dmitry Bestuzhev, director de América Latina del GREAT, México es uno de los países de la región en la que esta práctica ya es una realidad. Ahí está la clonación de tarjetas de crédito o débito, uno de los negocios más lucrativos de la delincuencia organizada. De acuerdo con la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros, esta práctica va en aumento en el país, principalmente en bares, restaurantes, cajeros y gasolineras.

Pero las técnicas no se detienen ahí. No sólo se trata de obtener recursos de manera ilegal, sino de lavado de dinero. En este sentido, las transacciones en línea se han convertido en una herramienta favorable para los criminales. La dinámica es simple: se ofrece un producto a un precio bajo (por ejemplo, una tablet en 200 dólares). El comprador envía el dinero, en tanto que el vendedor adquiere el artículo para enviarlo. ¿Qué ocurrió? El vendedor recibe dinero legítimo a cambio de un objeto que compró con dinero sucio.

La relación entre transacciones bancarias y tecnología ya es indisociable. Por esa razón, el crimen organizado capta a estos programadores. Es una realidad de dos caras: por un lado, se habla de parte más oscura de este negocio, en la que el narcotráfico obliga al programador a trabajar como él, casi en condiciones de trata de personas. Pero, por el otro lado, están los profesionales que, ante la situación de empleo en el país, optan por ayudar al crimen organizado y venden su talento al mejor postor. Ambas situaciones son igual de riesgosas, y así como las autoridades se preocupan por que los jóvenes no caigan en las redes del hampa, también deberían ocuparse de que esta fuga de cerebros no continúe.

Imagen: Huge Pedia