¿Qué nos deja el triunfo del PRI en Estado de México?

No hubo sorpresas. Eruviel Ávila, candidato de la alianza PRI - PVEM - Nueva Alianza a la gubernatura de Estado de México, arrasó en los comicios de este 3 de julio. Con 62.4% de los votos, Eruviel superó por un margen muy amplio a Alejandro Encinas (PRD; 21.2%) y Luis Felipe Bravo Mena (12.4%). Este triunfo, sumado a las victorias en Coahuila y Nayarit, deja bastante fortalecido al Revolucionario Institucional de cara a las elecciones de 2012. La primera aduana ha sido librada.

Ávila venció sin demasiada oposición. Su competidor más cercano fue Alejandro Encinas, cuya participación fue la apuesta fuerte de Andrés Manuel López Obrador y su movimiento. Encinas llegó a la candidatura tras rechazar una alianza con el PAN. Aunque la consulta ciudadana prefería la coalición partidista, la dirigencia nacional del PRD decidió apostar por un candidato propio. A pesar de contar con el respaldo mutuo de López Obrador y Ebrard, la campaña nunca despegó con la fuerza necesaria. No obstante la derrota, este resultado posiciona al PRD como la segunda fuerza política del país, en detrimento del PAN.

Acción Nacional es quien más preocupado debe estar. Estado de México es el fiel reflejo de su situación política antes de 2012. Bravo Mena fue un candidato desangelado, sin reflectores. Su actuación en las urnas debe dejar muy consternado al partido, pues después de una década como la primera fuerza partidista de México, parece que la caída hacia el tercer escaño se ha consumado.

Sin embargo, al PRD y al PAN les da tiempo de sanar las heridas de la contienda rumbo al año siguiente. Encinas, protegido de Andrés Manuel, no ha conseguido el triunfo que su mecenas necesitaba para legitimarse de camino a 2012. Marcelo Ebrard, por su parte, se mantuvo lo más que pudo al margen y se dedicó a cimbrar su futuro con acciones como el operativo nacional de la CONAGO-1. Así, con la derrota de Encinas, el perredismo tendrá de meditar mucho sobre cuál de sus dos gallos apoya. Del lado del PAN, continúa el río revuelto, y como van las cosas, no se ve por dónde construir una oposición digna.

He leído mucha gente que critica que se considere a esta jornada electoral como una antesala de la elección presidencial. Por una parte, comprendo que aún resta un año para elegir al nuevo ocupante de Los Pinos y, como diría el cliché, todo puede pasar. Empero, también hay que comprender que la opinión pública --ésa que decide en las urnas quién gana y quién no-- se basa en percepciones, no necesariamente en certidumbres.

Desde esta óptica, que el PRI haya ganado de manera tan convincente (en las cifras, porque en el camino nos ha dejado con muchas dudas sobre su honestidad) deja la percepción de un partido fortalecido, unido e implacable. Si hasta un candidato con una imagen tan deslavada como Ávila pudo ganar de manera apabullante, ¿qué podemos esperar de Peña Nieto, con toda la maquinaria del partido y otros aliados como Televisa o los maestros del SNTE? Estado de México ha servido como carta de presentación del príismo fuerte.

Por último, habrá que tocar el tema del abstencionismo. La elección de Estado de México contó con una participación de 43.5%, notándose un grave desapego hacia el proceso. ¿Continuará este efecto hasta 2012? Si la percepción de un PRI fortalecido y sin oposición continúa, es probable que sí. Se necesitaría de un candidato de mucho arrastre (¿quizá Marcelo Ebrard?) que ayude a revertir la tendencia. Resumiré los resultados de la jornada en una frase de Encinas que me parece clarividente: "el dinosaurio está vivo, y en sus últimos estertores, dio un coletazo"

Imagen: CNN México