Los alcances de la Dream Act podrían quedar sólo en sueños

La preparatoria Benito Juárez, ubicada en la ciudad de Chicago, Illinois, fue sede de lo que a primera vista parece un cambio de actitud hacia la población de migrantes ilegales asentada en los Estados Unidos. Ayer, el gobernador de este estado, Pat Quinn, firmó la promulgación del Dream Act, una ley que estipula la creación de un programa de becas --de financiamiento privado-- para que los estudiantes indocumentados de Illinois puedan acceder a la educación universitaria. Sin embargo, dicha legislación no ha estado exenta de polémica. Las críticas realizadas por la facción conservadora --el aquilosado Palatine Tea Party-- han puesto en duda los alcances reales que podría tener esta ley, sumándolo a las inconformidades que ha despertado el desempeño de la administración de Barack Obama, especialmente en lo que a economía se refiere.

Y las críticas no son en balde. La economía estadounidense enfrenta un momento crítico. La decisión de aumentar la deuda y comenzar un incómodo recorte presupuestal --que afectará principalmente a los programas sociales-- les dará a lo sumo, y según los especialistas, un año más antes de verse obligados a adoptar medidas más drásticas que afecten su, ya de por sí golpeado, american way of life. Las acusaciones à la papa caliente ya han comenzado, tanto en lo doméstico, como en lo internacional. Por ejemplo, el primer ministro de Rusia, Vladimir Putin, no chistó en tildar al otrora gigante del norte como el nuevo "parásito de la economía global", recriminándole los estragos económicos que han causado en la economía del orbe.

La facción conservadora de su país no se queda atrás. Para ellos existe un solo culpable del fracaso económico: el gobierno --tímidamente-- "liberal" del presidente Obama, a quien le recriminan el aumento de programas sociales para atender a quienes consideran son el mal de la nación y en detrimento de los "auténticos ciudadanos". Como medida compartida en varias estados, los gobernantes y legisladores adscritos a esta facción han recrudecido sus posturas, transformándolas en leyes que atienden a los temas que históricamente les han producido escozor, como la migración ilegal proveniente de países latinoamericanos.


En este contexto de crisis económica y recrudecimiento de la xenofobia como medida para legitimar su oposición, uno de los sectores más golpeados por las crisis y recesiones ha sido el educativo. La educación pública, motivo de orgullo y pieza fundamental en su discurso de supremacía económica, comienza a presentar grietas y hundimientos peores que los del Valle de Chalco que, aunque no son nuevos, comienzan a manifestarse. La firma de iniciativas como el Dream Act, ha sido calificada más como una medida electorera que como un bien a su nación. Especialmente porque en estos momentos el sector educativo de Chicago está pidiendo más recursos, tanto para las escuelas de formato tradicional como para modelos alternativos, las llamadas Charters Schools, que atienden principalmente a chicos de bajos recursos y de comunidades migrantes.

El gobernador Pat Quinn ha reiterado que el programa del Dream Act no contará con un solo dólar del erario público. El fondo de ayuda que pretende crear estará conformado por donaciones privadas, el cual será manejado por activistas, directivos escolares y legisladores. Es decir, no afectará el ya cuestionado reducido presupuesto para la educación pública. Ello, más allá de calmar las consciencias de quienes se piensan descendientes directos del Mayflower, ha suscitado más polémica. ¿Por qué debería legislarse un fondo que será privado?

Esta facción ha querido ver en las acciones del gobernador Quinn un sendo coqueteo hacia el nutrido sector latino que le rinda frutos en las próximas elecciones. Y su crítica ha sido de armas tomar. A través de correos electrónicos, el Palatine Tea Party ha llamada a la discordia. En ellos, podría leerse el siguiente extracto:

The Illinois Republican Senators who voted ‘YES’ to Dream Act SB 2185 are part of the problem in Illinois. Instead of focusing on issues like jobs, taxes and our economy they are more interested in getting votes. It is clear our current elected officials are much more concerned with their reelection than what matters for the citizens of Illinois.
We will Never forget your VOTE!

La protesta es clara: los senadores demócratas --y los republicanos adherentes-- están más interesado en conseguir votos que en trabajar para encontrar soluciones a los "problemas reales" como los trabajos, impuestos y economía. Problemas que --piensan-- sólo incumben a los "ciudadanos legales". Otra amenaza que ha querido ver esta facción en el Dream Act es que se convierta en una forma de legalizar inmigrantes. "Amenaza" que lo que los promotores han negado rotundamente. Esta iniciativa sólo contempla la creación del fondo para permitirles el acceso a las universidades públicas y privadas del estado, no para que obtengan su ciudanía.

Indudablemente, el Dream Act es una medida que aboga por la equidad entre los residentes --legales e ilegales-- en los Estados Unidos. Sin embargo, su alcance, en este momento, se puede pronosticar como corto. El creciente desempleo que se vive en la nación norteamericana, aunado a que su condición migratoria no cambiará, promete la formación de profesionistas que no podrán ejercer dentro de los Estados Unidos. Sí, se les permitirá el acceso a la educación universitaria, pero no a un trabajo similar al que podría --con esfuerzos-- obtener un ciudadano norteamericano. Creo que es un gran salto para la presencia latina dentro de Estados Unidos, pero un pequeño paso para la mejora en al calidad de vida de los migrantes indocumentados.

Sin embargo, no todo está perdido. Legislaciones de este tipo parece sacar humo blanco. Habemus Esperanza. De continuar el trabajo y las negociaciones de los activistas latinos, podría llegar el momento en que no sólo la educación tenga tintes más equitativos, sino también el mundo laboral.

Imagen: Noticieros Televisa | Ramparts 360