Campesinos en la Tarahumara dejan siembra de marihuana por aguacate

Escenas como ésta se han vuelto comunes. A cada tanto, el Ejercito anuncia con bombo y platillo el aseguramiento y destrucción de n número de hectáreas dedicadas a la siembra de marihuana. Incluso ha llegado a anunciar algunos decomisos como los "más grandes en la historia" --a pesar de que no sea taaan cierto--. Sin embargo, más que "un fuerte golpe al crimen organizado", estos aseguramientos parecen ser apenas raspones en la rodilla. Como cabezas de hidras, apenas destruyen uno y ya aparecieron dos en su lugar. Quizá por ello sea tan esperanzador lo que está sucediendo en el municipio de Morelos, Chihuhua; allá, en las tierras del Chepe, en la Tarahumara.

Campesinos de esta región decidieron dejar de sembrar marihuana en el fondo de las barrancas de la sierra Tarahumara. Una actividad en la que habían concentrado sus esfuerzos por más de 40 años. En su lugar, ahora sembrarán aguacate, limoneros y otras hortalizas. Esto no sólo porque el negocio de la mota ha de dejado de ser rentable --ahora sólo les pagan 300 pesos el kilo--; también la población desea deslindarse de problemas presentes y futuros, consciente de que trabajar para el crimen organizado tarde o temprano acarrea problemas serios. No en balde ellos mismos se han organizado para mantener a los "fuereños" lejos de su territorio. Uno de sus habitantes, entrevistados por La Jornada comentó:

Nosotros sembramos mota, pero no recibimos dinero ni dejamos entrar a nadie a los predios. Entregamos el producto en los límites. Nada tiene que hacer gente extraña; es la que trae problemas.

Esta cambio de productos a sembrar inició en julio de este año, cuando el equipo del gobernador de Chihuahua, César Duarte Jázquez, impulsó el programa de sustitución de cultivos para desnarcotizar la economía de la zona serrana. Recordemos que la Tarahumara es uno de los lugares del país que presenta mayores niveles de pobreza y marginación, lo que facilita el asentamiento de focos productivos para el crimen organizado. Este programa consiste en la dotación de 400 árboles de aguacate, cítricos y hortalizas por hectárea, así como la dotación de implementos para su manutención y cuidado, como alambre para construir cercas, mangueras, sistemas de riego por microaspersión y fertilizante orgánico. Una inversión de aproximadamente 55 mil pesos donde las personas únicamente aportan su mano de obra.

Con este programa que busca sustituir el cultivo de marihuana por hortalizas, se espera cubrir durante este año a al menos 200 hectáreas de la región. Hasta ahora han sido beneficiados campesinos de los municipios Morelos, Chínipas, Guachochi, Urique, Batopilas, Guadalupe y Calvo, Guazapares y Moris. En algunos de estos lugares se han construido presones para almacenar el agua de lluvia, la cual puede hacer la diferencia durante la temporada de secas cuando los manantiales de la Tarahumara resienten la sequía. Al respecto del programa, uno de los campesinos beneficiados declaró:

Hace 40 años debió hacerse esto. Las cosas serían distintas ahora. En vez de mandar soldados, manden apoyo para hacer trabajar a la gente y enfrentar la vida de manera distinta

Este evento ha llamado la atención incluso de la prensa internacional quienes se han trasladado a esta zona de la Tarahumara para presenciar cómo se está dado este cambio de cultivos: el aguacate --cuyo precio es muy competitivo actualmente (por no decir, elevadísimo)-- contra la mariahuana. Por ende, también es factible que el fenómeno esté llamando la atención del crimen organizado, a quien estas acciones pueden molestar aún más que la quema de sembradíos o el aseguramiento de enormes cantidades de cocaína. El gobernador comenta:

No soy un gobernante miedoso. La exclusión llevó a las zonas rurales a cruzar la línea de la ilegalidad. Ahora hay que traerlos a este lado, con apoyo e infraestructura.

Y ojalá no le tiemble la mano, ni la boca, como le ha temblado a otros gobernantes a la hora de proteger a la población ante los embates del crimen organizado. Otro de los habitantes de la región comenta: "Esto es para el futuro. Si esto de los aguacates funciona, lo que nosotros hemos tenido que hacer no lo van a hacer nuestros hijos". Y eso quizá sea lo más alarmante, el lento giro de lo ilegal a lo legal, ahí donde se puede vislumbrar una esperanza.

Imagen: La información