Parqueando DF: El parque que le creció a Insurgentes

A ciencia cierta no sabía qué esperar. Por la mañana me había enterado que el Parqueando se realizaba a unas manzanas de mi casa como parte del Día Mundial sin Autos. En mi Time Line veía que muchos de mis contactos de Twitter anunciaban que por la tarde estarían arribando a la esquina de Hamburgo con Insurgentes para ser parte del evento. Otros ya estaban ahí y publicaban fotografías de personas jugando futbolito, platicando, leyendo o riendo. Salí de mi casa al filo de las 17:00 horas, sorteando los automóviles que atajan tráfico por las calles de mi colonia; esperando a que me "cedieran el paso" en Paseo de la Reforma --a pesar de que el semáforo estaba en rojo--; toreando vehículos en Hamburgo, a la altura de Génova, porque están reparando las banquetas y uno tiene que andar por el arroyo.

Así llegué... y aunque el recorrido de regreso a casa fue el mismo, me pareció totalmente distinto tras conocer a las personas que formaron parte del Parquenado en el DF.

Junto a una papelería-cafetería móvil estaba Alejandro. Decidí aproximarme a él por ser el único que, en medio de esta reunión, parecía reposar de compañía, como quien en medio de una fiesta sale a tomar una bocanada de aire fresco. "Primero pasé como a las 9:00 y luego regresé como a las 13:00", dijo, "y estoy aquí porque mi negocio es sobre ruedas". Seguramente se me escapó un gesto de ceja arqueada --propio de quien finge entender pero sólo medio entiende--, porque Alejandro me miró con la cara de quien ha explicado un punto demasiadas veces: "Tengo una bicicleta que ahorita se la llevaron a dar la vuelta"... y mientras decía esto la buscaba en los alrededores estirando el cuello. "¡Ahí está!", agregó con un titilar de campanitas a mis espaldas. "Yo me dedico a vender té chai. Y vine para apoyar el movimiento del ciclista y el peatón".

Y en efecto, su bicicleta estaba adecuada para su negocio; pintada de negro, tiraba de un cajón que le sirve para transportar todos sus implementos. Una lástima que a esas horas de la tarde ya no tuviera chai qué vender; la frescura que anuncia las tardes de otoño despertaba el apetito por una bebida caliente. "Estamos los que tenemos que estar", dijo, observando los cajones de estacionamiento donde de la nada --o de todos-- había nacido un parque. "La gente parece que lo respeta... Hubo quien no, por momentos. Pero también hubo música hace un rato... todo bien". Y si al pronunciar estas últimas líneas hizo algunas pausas, fue porque observaba a la comitiva, como volviéndose consciente de que sí, en efecto, esto estaba resultando muy agradable.

Diana estaba cerca de Alejandro. Entre ellos se erguía el futbolito, la sensación de Parquenado. Detrás de ella se levantaba la puerta trasera de Reforma 222, uno de los tantos centros comerciales de la ciudad de México que han querido ocupar el lugar que otrora tuvieron los parques y las ágoras como centros para la convivencia vecinal. Lugar que, me temo, les queda demasiado grande. Diana estaba junto con otros "parqueantes" en lo que parecía ser un círculo de sillas. Sobre el suelo alguien había puesto un poco de pasto y dibujado figuras con gis de colores. A menos de un metro de distancia, los automóviles pasaban, curiosos, entre amenazados y divertidos.

"Estamos ocupando el espacio que ocuparían varios automóviles", dijo, como explicando el desconcierto con tintes de indignación que mostraban algunos automovilistas. "Hemos pasado todo el día invitando a la gente a que piense y reflexione de qué manera vive el peatón en la ciudad". O sobrevive... tan sólo para llegar a Parqueando tuve que esperar a que los automóviles que circulan Paseo de la Reforma nos "cedieran" el paso en una de las cebras peatonales, pues parece que, aunque esté el rojo, ellos tiene prisa por ocupar el centímetro que tienen enfrente. "Nos la hemos pasado muy muy bien. Yo vengo desde Iztapalapa. Ahí está difícil; no hay muchos lugares para que las familias puedan estar con sus hijos. Pero esperamos que con más acciones como esta podamos tener espacios verdes por allá".

Tras platicar con Diana me quedé pensando en cuando era niño. Vivía en ese entonces en la colonia Narvarte, al sur-poniente de la ciudad. Después de terminar la tarea, salíamos a jugar a la calle; a andar en bicicleta, a pintar carreteras sobre el pavimento a... tantas cosas que los vecinos de mi actual colonia no hacen. "Soy parte del colectivo 'Camina, haz ciudad'; venimos organizando este evento desde hace un mes y ahora estamos llegando su conclusión". Me emocionó escuchar que Ximena era parte de ese colectivo. ¿Por qué? Bueno, en Vivir México le hemos dado seguimiento a algunas de sus acciones, como la Wikicebra, encaminadas a que el peatón recobre su derecho a estar en la calle.

"Básicamente es recuperar espacios para el peatón. Las cebras son el espacio que les corresponde; las banquetas también. Parqueando va un poco más allá, mostrando cómo este espacio que utilizan los automóviles lo podríamos ocupar para la gente: tener un parque, jugar juegos, sentarnos, comer, relajarnos... es parte de lo mismo, pensar cómo podemos usar los espacios para la gente, no para los coches. Han habido personas que nos vieron con desprecio, o incluso nos gritaron; pero también hubo oficinistas que al pasar nos vieron y se acercaron; se tomaron un agua, jugaron futbolito... una reacción más positiva". A un lado de Ximena estaba sentado Jorge, quien asentía con la cabeza a cada oración que ella pronunciaba.

Él también es parte del colectivo, pero también se encarga del sitio web de noticias relacionadas urbanismo, ecología y movilidad sustentable Transeunte.org. "Ha estado increíble. En la mañana tuvimos una actividad impresionante. Llegamos a poner todo a las 6:00, 7:00 horas. Una hora después llegó muchísima gente; varios de un diplomado ciclista de la UNAM que pintaron una ampliación de la banqueta, para darle más espacio al peatón y la bici. Hicimos un estacionamientos para bicicletas, donde caben 10 bicis en el mismo lugar de un coche. Hicimos todo eso... mucha gente que vino se enteró por las redes sociales". Y sí, como afirmó Jorge, bajo la etiqueta #Parqueando, muchas personas anunciaron su visita o sus ganas de estar ahí.

"Todo lo que ves es por la cooperación. Mucho de lo que está no estuvo planeado. Es la creación comunitaria". Y en efecto, como decía Jorge, era una creación comunitaria. Un parque que le creció al encuentro de la calle Haburgo con la avenida Insurgentes. Un espacio que se le arrebató a objetos inertes, pero con todas las de la ley; durante todo el evento se estuvieron pagando los parquímetros, demostrando cómo la convivencia no tiene límites. "Sólo el 30 por ciento de las personas en el DF tienen automóvil ¿Por qué darles a ellos casi todo el espacio público" ¿Por qué no dárselo a la personas que nos movemos en bici u otras formas, que somos el 70 por ciento".

Comunidad, utopía, recuerdos... ¿Pero habría espacio para la funcionalidad? ¿Para el día a día, con sus prisas, el tráfico, el trabajo o la escuela? Karina me demostró que sí. Ella es vecina de la zona, y arribó a Parqueando en su bicicleta. Todos los días se mueve dese la colonia Roma hacia la Condesa, donde trabaja. ¿Por qué lo hace? Fácil: "la uso porque es la forma más eficiente de transportarte en la ciudad. Me hago 10 minutos a mi trabajo. Todos los días veo las hileras de los autos que van a tardar media hora en hacer el mismo recorrido". Karina venía acompañada por dos amigos: Mariana y Agustín. Los tres estaban sentados en el pasto improvisado, departiendo la vida cotidiana como al filósofo Epicuro de Samos le hubiera gustado.

Agustín es parte de Bicitekas, una organización que promueve la movilidad sustentable a partir del uso de la bicicleta. "Me da esperanza", comentó Agustín a propósito de su trabajo y de Parqueando, "la esperanza de que puede ser una forma de solución
al problema sistémico. Que sea la gente quien participe y salga a convivir. La seguridad está en la convivencia. Si no convivimos la neta no podemos aspirar a querer un país seguro. Ninguno muro construye mayor seguridad que la de conocerse". Y en eso le doy toda la razón. En las grandes ciudades vivimos de manera anónima, rodeados de millones, pero solos en nuestra mente, temerosos de los unos y de los otros; luchando solos para protegernos del mundo, cuando el mundo podría ser quien nos proteja a nosotros.

"El ruido que generan estas cosas hacen un ruido terrible", comentó Karina mientras platicaba con Agustín. El tráfico de Insurgentes y Hamburgo era terrible. Mariana, quien estaba con ellos, asintió. Ella trabaja en el ITDP México, una organización internacional que se dedica a la creación de políticas públicas que favorezcan el medio ambiente y el transporte eficiente. En México forman parte de la Bicired, un conglomerado organizado de distintos grupos y organizaciones del país que comparte la meta de posicionar a la bicicleta como un medio de transporte viable para la ciudadanía. Pero no se trata de un movimiento de bicicletas por las las bicicletas. No, ellas son un vehículo, un medio, no el fin en sí mismas. ¿Cuál es la meta? Reforzar los lazos sociales, la convivencia, la ciudadanía.

Todos tenemos derecho a un medio ambiente sano, a gozar de nuestras ciudades. 'Nosotros optamos' decía Jaime Lerner "de salir de las cavernas porque necesitábamos construir lugares seguros, por eso construimos ciudades'. Y ahora las ciudades son lugares inseguros, no podemos salir con nuestros niños, salir a leer, a disfrutar, y todos dicen 'que sea la cultura quien lo cambie', que sean los niños quienes lo disfruten en el futuro. ¿Y nosotros los adultos? Optamos por vivir entre la hostilidad, viendo a nuestra gente morir en accidentes, siendo gordos toda la vida, estresados. El que estemos aquí sentados es la muestra de que hay gente que quiere cambiar.

Actualmente el Instituto está promoviendo la campaña 5% para la bici, que busca generar presupuesto etiquetado para la movilidad sustentable. Es decir, que del presupuesto que se destina al rubro de Transporte Público, cinco por ciento sea destinado a estos proyectos, como el de las Ecobicis en la ciudad de México. "Mientras no haya un presupuesto etiquetado o un organismo que esté impulsando la movilidad sustentable, solamente será una 'cortina de humo verde' de los políticos que no nos lleva a ningún lado, a avanzar muy lento cuando lo necesitamos ahora".

El cielo nublado no nos permitió observar el atardecer en este pequeño parque. Hubiera sido una postal digna del recuerdo. Después de agradecer el tiempo que me dieron para platicarme un poco de sus vidas y proyectos, regresé a casa. Volví a tener que caminar sobre el arroyo cuidándome de los automóviles porque las banquetes de Hamburgo están en reparación; volver a cruzar Reforma cuando los automovilistas me dieran chance; internarme en mi colonia y esperar en las esquinas a que dejaran de pelear centímetros los oficinistas estresados y motrizados. Sin embargo, me quedé con el buen sabor de boca de saber que no soy el único que piensa que otro mundo posible.

Imágenes: Vivir México