Guanajuato, los embarazos no deseados y la importancia de la educación laica

En nuestro imaginario nacional, Guanajuato es uno de los estados que goza con peor reputación en términos de relación Iglesia - Estado. Su fama alcanzó la proyección nacional como la cuna del presidente Vicente Fox, cuyo mandato se distinguió por una línea muy difusa entre las labores gubernamentales y las de la Iglesia Católica. Durante su sexenio, los jerarcas eclesiásticos ganaron espacios públicos, y desde sus púlpitos, lograron impulsar medidas conservadoras dentro de la cúpula política; una situación que, lejos de remediarse, ha tenido continuidad bajo el mandato de Felipe Calderón.

Sin embargo, no sólo Fox ha sido responsable de la fama de Guanajuato. Su gobierno local también se ha caracterizado por preservar esta imagen, sobre todo cuando hablamos de temas relacionados con educación sexual o discriminación de género. Prácticamente todos los temas relacionados con la agenda de sexualidad son considerados como tabú. ¿Exageración? Miremos algunos ejemplos de los últimos dos años:

  • En mayo de 2009, Guanajuato aprobó una ley para penalizar el aborto. Lo más sorprendente es que al Congreso estatal le tomó cinco minutos de discusión antes de avalar la medida.
  • En septiembre 2009, la Secretaría de Educación estatal decidió retirar varios temas sobre reproducción de los libros de Biología de secundaria. En su lugar, pusieron una apología de la castidad como método anticonceptivo, negándose a proveer información sobre otros mecanismos de sexualidad responsable.
  • En noviembre de 2009, se decretó la suspensión de venta de píldoras del día siguiente en farmacias gubernamental, con el argumento de que no querían que las mujeres pudieran adquirir esos medicamentos a menor costo.
  • En julio de 2010, la titular del Instituto de la Mujer de Guanajuato declaró su desdén hacia las mujeres con tatuajes, pues las señaló como muestra de la pérdida de valores y la decadencia social.
  • Igual, en julio de 2010, se destapó que el gobierno de Guanajuato encarceló a siete mujeres por haber sufrido los abortos espontáneos. Aunque fueron liberadas, la administración no reconoció su error, sino que las dejó salir de la cárcel "por haber cubierto la condena mínima".
  • En septiembre de 2010, se dio a conocer que la cifra de feminicidios sin resolver en Guanajuato ascendía a 174 en los últimos cuatro años. De estos, 95% se dieron por algún tipo de violencia intrafamiliar.
  • En marzo de 2011, la Arquidiócesis de León convocó a una procesión en contra de la despenalización del aborto; ese mismo día, un colectivo ciudadano llamó a la gente a presentarse frente al templo para defender esa causa.

Y así podría seguirme durante un buen rato. Con estos antecedentes, no debería sorprendernos el anuncio del Instituto Municipal de las Mujeres en Guanajuato, que señala que el número de embarazos no deseados en dicha capital se ha duplicado en los últimos cinco años. Mientras que en 2006, tres de cada 10 adolescentes entre 13 y 16 años presentaban esta situación, en 2011 ha crecido a seis de cada 10. "Sabemos que tenemos el problema, pero no hemos identificado sus causas", señaló la titular de la dependencia. Bien, ¿qué tal si consideramos que el grupo estudiado está dentro de la educación secundaria, donde (¡oh, sorpresa!) hace dos años se restringió la información sobre la sexualidad responsable?

Las cifras en Guanajuato nos muestran un buen motivo para pelear sobre la laicidad en la educación pública. Estoy seguro que si las políticas públicas estuvieran orientadas hacia el ejercicio responsable de la sexualidad, la planificación familiar y la información, no estaríamos lamentando esas cifras. Una incidencia de más de 50% en embarazos no deseados es prueba fehaciente de que no se debe gobernar con el rosario en los ovarios. Ojalá el gobierno guanajuatense --y de otros estados con vela en el entierro, como Puebla o Jalisco-- recapaciten que no se debe permitir que lo moral se confunda con lo prohibitivo, ni que el tabú, el prejuicio o la desinformación ganen la batalla en las aulas.