Embarazo en la adolescencia: ¿Un problema de clase social?

La ignorancia en el tema, los prejuicios religiosos, la cultura machista, el exceso de confianza, son factores que incrementan la posibilidad de un embarazo no planeado en la adolescencia, pero también lo es la clase social. De acuerdo con Catherine Menkes Bancet, investigadora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM, 30 por ciento de las mujeres de 15 a 24 años que pertenecen al estrato socio-económico "muy bajo" tuvieron un embarazo en la adolescencia. El porcentaje disminuye a 23 por ciento en el nivel considerado "bajo", 10 por ciento en el "medio" y 4 por ciento en el "alto".

Al parecer sí, la clase social tiene relación con el índice de embarazo en adolescentes, entre más alto, menos probabilidad de quedar embarazada. El dato no extraña, después de todo, es en las esferas más bajas en las que la ignorancia, los prejuicios religiosos y la cultura machista están más arraigados. Aunque no son los únicos factores, sí contribuyen a que este sector de la población sea más vulnerable.

De acuerdo con la experta, 80 por ciento de las adolescentes embarazadas habían abandonado la escuela. Entre las razones más frecuentes por las que los jóvenes abandonan los estudios es por las limitaciones económicas. Así, la probabilidad de que mujeres jóvenes en situación de pobreza que abandonan los estudios queden embarazadas es más alta. No sólo por la condición económica en sí, sino porque lo ven como una alternativa de vida.

En ambientes más tradicionales --como suele suceder en las clases sociales bajas--, el uso de condón no es tan frecuente, la religión tiene algo --o mucho-- que ver, pero también el estigma social de que una mujer "no debe pedir condón", porque corre el riesgo de ser señala como de "moral relajada" --el estigma de puta "fácil" no es privativo de una esfera social, a pesar de todos los esfuerzo que se han dado para tratar de combatir esa imagen denigrante de la mujer, cuando una se muestra abierta, conocedora y segura en cuanto a sexualidad, la reprobación suele darse casi de forma automática--.

Aunque las adolescentes en situación de pobreza son más vulnerables, el resto no se encuentra exento. Siguiendo con los datos, 35 por ciento de los jóvenes no usan preservativo en su primera relación sexual. La falta de uso de preservativo no sólo los expone a embarazos no deseados, también los expone a enfermedades de transmisión sexual.

Consciente del problema, la Secretaría de Educación Pública (SEP) está haciendo su parte al capacitar a los docentes para dar una educación integral de la sexualidad en las escuelas y al agregar el tema en los libros de texto, por mucho que los Caballeros de Colón o A favor de lo Mejor se indignen. Es más indignante ver las condiciones de vida de los involucrados en embarazos no deseados.

Pero no se le puede imponer toda la responsabilidad a la escuela, ellos hacen su parte al proporcionar la información que servirá para tomar decisiones responsables. Tampoco se pueden imponer "votos de castidad" por iniciativa del presidente municipal. Las familias tiene una responsabilidad compartida en el asunto, necesitan más comunicación, clara, sencilla, oportuna, tratando de atender a lo obvio: los adolescentes tienen --o están tentados a tener-- sexo, y no a los tantos prejuicios que existen en el tema. Los adolescentes también requieren ser conscientes y responsables de las implicaciones de iniciar una vida sexual activa --aunque pedir que un adolescente sea consciente es oximorónico--.

Sabemos por qué las adolescentes de clases bajas se embarazan más, pero podemos cambiar la óptica: ¿por qué las adolescentes de clases sociales altas se embarazan menos? ¿Es la información, el contexto, los recursos, las costumbres? ¿O será que ellas no están tan sometidas a un sistema patriarcal, misógico y falocentrista que se empeña en verlas como entes pasivos sin derecho a decidir?

Por lo que sea, lo mejor es tener información para tomar decisiones responsables y tener sexo seguro. Así que ya saben: sin globos no hay fiesta.

Imagen: emeequis