México es penúltimo lugar en Internet de banda ancha: OCDE

Muchas de las nuevas generaciones posiblemente ni siquiera hayan conocido ese famoso ruidito que hacía el módem de 56K para conectarnos a Internet. Esos buenos tiempos en que uno no podía usar los servicios de Internet y hablar por teléfono al mismo tiempo se han convertido en solo un recuerdo gracias a la llegada de la banda ancha. Desgraciadamente, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) México se encuentra muy rezagado en este rubro, ubicándose en el penúltimo lugar del ranking en cuanto a penetración del Internet.

Según datos de la OCDE, México se es de los países con menor grado de penetración a la red, tanto en conexiones inalámbricas como fijas, solo por encima de Turquía. El ranking es encabezado por Corea del Sur y Suecia, países con más de 90 subscripciones a Internet por cada 100 habitantes, mientras que en nuestro país la cifra apenas asciende a 10 de cada cien. La Organización detalla que en los países afiliados hay 309 millones de conexiones fijas, de las cuales solo alrededor de 11.7 millones pertenecen a mexicanos.

Con 10 conexiones a Internet por cada cien habitantes, nuestro país se encuentra muy por debajo de la media, situada en 47.9 subscriptores de conexión inalámbrica por cada 100 habitantes. El rezago de la penetración del Internet en México es sin duda un reflejo del poco crecimiento que ha tenido este servicio en nuestro país, pues entre junio de 2010 y el mismo mes de 2011 sólo se presentó un crecimiento del 2.25 por ciento.

Un factor que sin duda influye para la baja cantidad de subscriptores a Internet en nuestro país es que en México es un servicio caro y, generalmente, de mala calidad; esto aunado a la cantidad de personas que no tienen acceso a una computadora o no la saben utilizar. En un obscuro contraste, nuestro país es el tercer lugar en pornografía infantil a nivel mundial. La OCDE nos reprueba una vez más, mientras esperamos a que avance el proyecto para dotar de Internet al DF.

Imagen: La Nueva Economía