Congreso mexicano: perezoso y caro

Ya lo sabemos, no es nada nuevo, es el motivo principal por el que los mexicanos estamos tan decepcionados de la clase política de nuestro país y cuando nuevamente en los periódicos nos restriegan con cifras el vergonzoso congreso que tenemos, la indignación nos vuelve a hacer un hoyo en el estómago del coraje. En esta ocasión fue la revista londinense The Economist la que publica un artículo sobre la legislatura del no hacer nada de México.

De acuerdo al artículo nuestros legisladores mexicanos se sientan (y sí, se "sientan", no podemos garantizar que el verbo sea "trabajan") sólo 195 días al año, la menor cantidad entre los países más grandes de América Latina pero sus salarios de 11.200 dólares mensuales son los más altos después de Brasil.

Reporta que después de las fiestas navideñas, algunos de ellos no regresaron de vacaciones hace dos semanas, como debía ser, extendiéndolas hasta febrero. "Cuando votan lo hacen más para bloquear a los rivales que para aprobar reformas" señala el artículo y critica su incapacidad para formar coaliciones al estar casados con sus partidos.

"... desde que la mayoría de un solo partido terminó en 1997. Ningún presidente ha tenido una mayoría legislativa desde entonces". Algo que en teoría debería de ser bueno para evitar que se haga sólo lo que un partido dicta, los otros hagan contrapeso y se logren mejores reformas y más equitativas para la pluralidad del país. Pero parece que este es el país en que las teorías encuentran su punto de quiebre pues lo único que hemos tenido como resultado son sexenios con contadas reformas y de las que logran pasar, son muy pobres en cuanto a los cambios que establecen.

Lo más triste de esto a mi parecer es que no se vislumbra un panorama mejor, al menos a corto plazo. Tendremos elecciones este 2012 pero ningún partido muestra cambios de mentalidad y de actitud que nos hagan pensar que el próximo sexenio será diferente (gane quien gane). Tampoco me gusta caer en absoluto pesimismo y la actitud de "no hay forma de hacer nada", pero sí he de aceptar que nos pinta difícil. Parece que los ciudadanos tendremos no como tarea, como manda (si es que sí queremos ver una diferencia) organizarnos mejor y presionar de formas más fuertes para que los políticos realmente actúen como lo que son: servidores públicos elegidos por nosotros y para trabajar por nosotros, no por sus intereses particulares y de partido.