Sedena presume lealtad, ¿lealtad a quién?

Felipe Calderón, con banda presidencial al pecho, encabezó la conmemoración del XCIX aniversario de la Marcha de la Lealtad en el Castillo de Chapultepec, se retiró montado a caballo y escoltado por una guardia de honor del Colegio Militar. Chulada de imagen para nuestro país tan aficionado a la parafernalia nacionalista. Calderón nada dijo, se limitó a entregar reconocimientos al personal militar destacado, escuchar la pieza musical "Marcha del Heroico Colegio Militar", presenciar el toque militar "Tres de Diana", la declamación "Honor y Gloria" y una salva de fusilería. Después de todo, era el invitado de honor, tenía que salir de ahí muy orondo y elogiado.

Seré curiosa, en esta marcha, la lealtad expresada ¿para quién fue? Vamos a la historia. El 9 de febrero de 1913 inició la sublevación antimaderista, encabezada por el General Manuel Mondragón, cuando Madero se entera, manda llamar al Subdirector del Colegio Militar Teniente Coronel Víctor Hernández Covarrubias y le ordena que las compañías de alumnos lo escolten al Palacio Nacional. Madero entra a Palacio Nacional y la escolta establece los servicios de seguridad. Desde entonces, el acto se conoce como "Marcha de la Lealtad".

Después de la cápsula cultural -cuyo sentido se entenderá al final de la nota-, pasemos a los hechos de hoy. El único que habló fue Guillermo Galván, secretario de la Defensa Nacional. En su participación afirmó que las Fuerzas Armadas privilegian el respeto irrestricto a los derechos humanos, aunque ha habido "errores".

Que ha habido errores, desde luego que sí. Reconocerlos es lealtad. Como lo es aceptar las recomendaciones que nos hacen los organismos competentes. Pero también es lealtad a las víctimas y sus familias sancionar a los infractores comprobados y reparar el daño causado. Es lealtad al subalterno investigar a fondo y definir aquellos casos tendenciosos que buscan desprestigiar a la institución y desviar la acción de la justicia a favor de los delincuentes [...].
También es lealtad proponer y solicitar respetuosamente reformas al marco legal vigente, con los propósitos de custodiar mejor a la comunidad y preservar la integridad y prestigio de la institución, hemos dialogado con todos los actores, absolutamente con todos, no se trata de arrogarnos privilegio alguno, ni de desempeñar funciones que no nos corresponden.

¿A poco no les encantan los discursos oficiales? A mí sí, y me gusta más desmenuzarlos. Galván reconoce que ha habido errores y asegura que eso es lealtad, después dice que lealtad también es aceptar las recomendaciones de los organismos competentes, pero no ha pasado ni un mes desde que Human Rights Watch (HRW) denunció que las fuerzas de seguridad en México cometen violaciones de derechos humanos y que los militares gozan de impunidad en esos casos y ¿cuál fue la respuesta? La secretaría de Gobernación rechazó en el acto las acusaciones, tal parece que dijeron "pero cómo, eso no pasa aquí, seguro se equivocaron de país, a ver, revisen bien". Entonces ¿reconocen y aceptan recomendaciones sí o no? O ¿ellos sí, pero Segob no? O yo no fui, fue Teté.

Después habla de lealtad a las víctimas, ¿le preguntamos a Valentina Rosendo -violada por soldados del ejército mexicano, tuvo que estar en lucha casi una década para recibir un disculpa del gobierno y un mire que lo vamos a investigar-, en representación de todas las mujeres violadas y torturadas por militares, a ver qué opina de la "lealtad" de las Fuerzas Armadas hacia sus víctimas o mejor imaginamos la respuesta?

Pero es que claro, también le deben lealtad al subalterno para investigar los "casos tendenciosos", y no se puede servir a dios y al diablo. Por eso después de las 6 mil 722 quejas interpuestas por violaciones a las garantías individuales, sólo se han condenado a 29 militares -seguro que todos los demás son puros "casos tendenciosos"-.

Remata su concepto de lealtad con una joya para la lectura de subtexto: reformas al marco legal. Eso tiene sentido, el ejército mexicano no estaba preparado para la "guerra" que se está librando contra el narcotráfico, hay que definir hasta dónde puede obrar y hasta dónde no. Lo malo es que mi lectura suele tener su sesgo por la mala voluntad que les tengo, así que lo que yo leí fue: queremos más privilegios porque fue un golpe muy duro el primer amparo contra el fuero militar que ganaron las víctimas en diciembre del año pasado.

Sí, ya sé que dijo justamente lo contrario, pero revisemos los recursos retóricos: advierte "es menester reconocer que la seguridad interior del país se encuentra seriamente amenazada" -alarmar-; señala que la decisión de Calderón de confrontar esa realidad con toda la fuerza del Estado fue responsable -justificar-; hace una analogía entre el crimen organizado y un "ente nocivo", en términos biológicos, concluye que la "rémora criminal" evolucionó durante décadas, que pasó de pandillas operando con bajo perfil y controladas por las policías locales, y terminó con un "enquistamiento" en la sociedad con la colaboración de la propia autoridad -o sea, la policía es corrupta y nosotros no, nosotros somos los buenos-. Y, encima, le dice a Calderón: "usted ha sido un comandante sensible, valiente, honesto e identificado con sus tropas" -halago-. O sea, le soba el ego a Calderón, plantea las cosas de manera alarmante y concluye que los meros buenos son ellos. Pero eso sí, "no quieren privilegios", ¿ahora entienden mi lectura?

Resumiendo: el secretario habló de lealtad a víctimas, subordinados, ciudadanía, pero reiteró su lealtad a la investidura presidencial y afirmó que las tropas continuarán actuando con apego a las órdenes del Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, o sea Calderón. Como desde hace 99 años, la Marcha de la Lealtad es para una persona: el presidente en turno, la Nación, ¿qué?

Imagen: RCMultimedios