¿Discriminar yo?

Hace unas semanas platicando con una amiga sobre varias cosas, pero entre ellas sobre los problemas que vemos en el país, comentábamos la situación del racismo. Y las dos concluíamos que aunque sí lo hay, aquí (al menos desde nuestra perspectiva y experiencia) el racismo, en su estricta definición, no es tan fuerte como incluso sí lo es en países más desarrollados y que por lo mismo se esperaría que tuvieran una sociedad más equitativa. Sin embargo sí veíamos una marcada actitud elitista o clasista; situaciones de discriminación no relacionadas con tu color de piel, pero sí con tu nivel económico o educativo.

Lo traigo a colación porque el día de mañana, 21 de marzo, se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial y a raíz de esto leo que Beatriz Urías, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, comenta este mismo hecho a través de un artículo que señala:

"Muy diversos grupos son estigmatizados no sólo por ser mestizos más cercanos a lo indio que a lo español, sino también por encontrarse en los márgenes de la cultura dominante; es decir, además de los matices de la piel o la forma de las facciones, la exclusión pone en entredicho la manera de hablar, el nivel educativo y el manejo de códigos culturales. En México, el racismo y el clasismo se acompañan..."

Frecuentemente solemos pensar que aquí los que sufren discriminación sólo son los indígenas, pero la discriminación y el estereotipo está presente en todos los grupos, de todos los niveles económicos. Porque si bien es más fácil distinguir la discriminación a personas dedicadas al servicio doméstico, obreros o "asalariados", recordando el claro ejemplo de las "ladys de Polanco"; también hay ocasiones en que un grupo discrimina a una persona por tener una mejor situación económica o de educación. Claro está, los más perjudicados suelen ser los primeros, pues la discriminación en esos casos se llega a traducir en menor acceso a oportunidades.

La problemática por lo tanto no es menor, como podríamos pensar, incluso me atrevo a decir que es un poco más complicada de distinguir y por lo tanto de erradicar pues la línea que separa el punto entre una forma costumbrista de socialización y la discriminación es muy delgada y borrosa. Este 21 de marzo (todos los días mejor dicho) deberíamos analizar profundamente y esforzarnos en distinguir cuál de nuestros comportamientos cae en discriminación, estoy segura que si lo hacemos a conciencia nos vamos a sorprender mucho.

Foto: mudei