Asesinato de la periodista Regina Martínez, «¡los queremos vivos!»

Una muesca más en la vergonzosa pared de periodistas caídos. Una voz más que se calla con violencia. Más reclamo, más repudio, más indignación, más rabia, más impotencia. Porque los queremos vivos, ¡vivos, carajo! Porque informar no debe ser una condena de muerte. Porque dar la vida es dar mucho, muchísimo, ante un país que no mejora y pronto olvida. El sábado pasado se encontró sin vida el cuerpo de Regina Martínez Pérez, corresponsal en Veracruz de Proceso. De acuerdo con la necropsia, murió por asfixia entre las cuatro y cinco de la mañana de ese sábado.

El gobernador de Veracruz, Javier Duarte, ordenó la integración de un grupo especial de investigadores para esclarecer el asesinato y lamentó su muerte en un comunicado. Lamento que en nada oculta la ineptitud o desidia de un gobierno incipiente que ha sido testigo de cinco casos de este tipo.

El asesinato de Regina Martínez se sumó a la fatídica numeralia, es ahora el homicidio 77 de los registrados por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) de 2000 a la fecha. Organismo que, dicho sea de paso, determinó abrir de oficio la investigación por el terrible acto, en su área de competencia. Nosotros lo sabemos, ellos lo reafirmaron: los agravios a periodistas y comunicadores vulneran el derecho de toda la población a estar debidamente informada.

Las protestas en el gremio no se hicieron esperar. Alrededor de 300 personas marcharon por el primer cuadro de Japala, repudiaron el asesinato y reclamaron la inmediata aclaración del caso. En Morelos, Puebla y el Distrito Federal también se realizaron movilizaciones con las mismas consignas.

Proceso, la casa editorial de Regina Martínez, ha sida clara y contundente. Creen que el asesinato sólo pudo darse en esta atmósfera de descomposición y hostilidad, una situación de violencia cotidiana en la que actos extremos no son la excepción sino la regla cotidiana. Lo que es más:

Respecto de esa investigación, que está a cargo del gobierno de Veracruz, Proceso es escéptico. En una reunión con el gobernador del estado, Javier Duarte de Ochoa, en la ciudad de Jalapa, a unas cuantas horas del asesinato de nuestra compañera, la directiva de Proceso lo expresó así ante la promesa retórica de que “se investigará hasta las últimas consecuencias”. No les creemos y se los hicimos saber.

¿Y quién les cree? ¿Quién puede creerle a una autoridad que ha hecho tan poco en casos así? Y no lo digo sólo por esa administración, sino por las otras, las que ven caer periodistas, presentan condolencias, mandan arreglos florales a los eventos funerarios, se dan golpes de pecho y dicen que ahora sí, en serio, ahora sí se aclarará todo, ahora sí habrá culpables, ahora sí dejarán de matar periodistas. Hasta parece que los escucho: "mira que ya casi sale la Ley para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas", "te juro que sí castigamos los crímenes contra periodistas", "si quieres le volvemos a cambiar el nombre a fiscalía especial, a ver si ahora sí cuaja".

Las últimas colaboraciones de Regina Martínez fueron sobre temas como corrupción de jueces y un alcalde, así como el reclamo del gobierno del estado sobre 25 millones cash, confiscados en el aeropuerto de Toluca. Pero, señores, "informar no debe costar la vida".

Ante eventos de este tipo, uno se queda chiquito, impotente, con esta rabia postergada, reciclada, añejada, que ya no se puede contener. Otra periodista murió, ¿cuántos más se sumarán a la macabra cifra? ¿Cuántos más deberán temer ante la incertidumbre de ejercer su oficio? ¿Cuántos y hasta cuándo? No, señores, no. ¡Ni un muerto más! ¡Los queremos vivos!

La oscura y asesina mano en tu cuerpo
pudo ser para mí,
pudo ser para otros, fue para todos
porque matar a un periodista
es llenar de noche la plaza pública
este sitio que habitamos tantos
algunos con tatuaje de expulsados
decreto para el silencio irreversible.

Llegarán los burócratas del crimen
a decirnos, tan formales, sus mentiras
a entregarnos con lágrimas de cocodrilo
condolencias, demagogia, inconsecuencias;
transformarán tu valentía en número
un expediente más
como si la estadística forense,
ese invento de los censores,
fuera lápida para tu pluma,
simulación tenaz en carnaval veracruzano.

No les creemos desde ahora
porque nunca confiamos desde antes...

Réquiem para Regina (y otros muchos), Jenaro Villamil.

Imagen: AFP/Vanguardia Liberal