Cigarros electrónicos, ¿el futuro para los fumadores?

Ya sabemos que existe una cruzada contra los fumadores. La Secretaría de Salud, acolitada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), propone más impuestos al tabaco para tener "un país con humo cero". Situación que se antoja difícil si consideramos que en México existen 13 millones de adictos a esa sustancia; sin duda, un mercado atractivo para el naciente negocio de los cigarros electrónicos. Los regiomontanos nos llevan la delantera pues, de acuerdo con la distribuidora Fuma sin cáncer, Monterrey comienzan a rendirse a los cigarrillos electrónicos y se posiciona en el primer lugar de compradores, le siguen entidades como DF, Puebla, Querétaro y San Luis.

Lo curioso es que la Secretaría de Salud tampoco ve con buenos ojos a los cigarros electrónicos porque considera que no hay estudios suficientes para evaluar sus posibles daños, así que está prohibida su venta física, pero ¿quién necesita venta física cuando hay un montón de empresas que las ofrecen en línea? Como siempre, se buscan recovecos para burlar la ley y como resultado tenemos a los mexicanos fumando cigarros electrónicos.

Pero ¿qué es un cigarro electrónico? Es un dispositivo de baterías que imita las funciones de un cigarro común. Es del mismo tamaño y forma, se inhala humo -vapor de una solución de nicotina- y tiene el mismo sabor -aunque también viene en otros sabores, como vainilla-. La diferencia frente a un cigarro convencional es que en vez de inhalar humo de tabaco, se consumen dosis de nicotina sin exponerse a las sustancias tóxicas y cancerígenas.

El cigarro electrónico contiene 2 o 3 piezas: la batería, el atomizador y el filtro. La batería es de litio. Se recomienda particular cuidado al elegirlo pues si la batería no es de buena calidad o está dañada por haber sido expuesta a humedad o agua, puede explotar o fallar.

Ahora, ¿sirven? Unos dicen que sí, otros dicen que no. Yo no lo sé, nunca los he probado -ni los parches, ni los chicles de nicotina, soy de las personas que cuando van a dejar algo, lo dejan y ya-. En este caso tendré que aceptar que el argumento para prohibir su venta física tiene sentido. Es decir, los efectos negativos del cigarro "normal" ya están más que estudiados, que si te da esto y lo otro y lo de más allá, venga, uno ya sabe de qué va a morir -y con qué contamina a los demás-. Pero eso de que exista la posibilidad de que te explote el cigarro electrónico, te destroce los dientes y te queme la lengua y la boca me da no-sé-qué. Llámenme tradicionalista, pero preferiría morir por un típico cáncer de pulmón.

Lo más preocupante es que, a pesar de que están prohibidos -al menos su venta física-, se estén comprando y todo indica que su popularidad va en aumento. Cigarros electrónicos, cigarro pirata, vaya, las opciones ante las medidas contra el tabaco se diversifican y no estoy segura de que lleven al mejor derrotero. Sí, ya sé que la opción más sana es dejar de fumar, supongamos que yo lo hago, pero ¿qué hay de los otros 12 millones 999 mil 999 fumadores?