Historias de horror, impunidad y muerte: Informe Anual 2012, Amnistía Internacional (primera parte)

Amnistía Internacional (AI), la organización no gubernamental que trabaja para que los derechos humanos sean reconocidos y respetados, publicó su informe anual 2012 para el caso de México. ¿El resultado? Una vergonzosa lista de observaciones que pone de manifiesto lo que ya sabemos y que el gobierno federal se resiste a aceptar. En nuestro país hay una sistemática impunidad que se puede percibir hojeando los diarios todos los días, investigando un poco, rascando aquí y allá los procesos que no se siguen y que nunca encuentran culpables. Por momentos, más que un informe parece un cuento de terror, con historias que dejan sin respiración con sólo imaginarse.

Por la gravedad de los aspectos abordados y la cantidad de información, decidí dividir la nota en en dos entregas. He aquí la primera parte.

La punta del iceberg

La guerra contra el narcotráfico ha sido el marco para que muchas cosas pasen. Unos dicen que es necesaria, otros sólo ven los muertos y la violencia arrasadora. Lo cierto es que hay gente que está muriendo o desapareciendo en situaciones no sólo sospechosas, sino impunes. De acuerdo con AI, durante el año, más de 12 mil personas perdieron la vida en la violencia resultante de esa guerra. La gran mayoría de estos homicidios nunca se investigaron. En abril, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) informó de que había aún 8 mil 898 cadáveres sin identificar en las morgues del país y que se había denunciado la desaparición de 5 mil 397 personas desde 2006. Más de 40 soldados y de 500 policías fueron asesinados en 2011.

Es decir, lo que ya sabemos y tanto se ha reclamado. Muertos y desaparecidos se convierten en una constante y, lo paradójico, mientras hay cadáveres sin reconocer, hay desaparecidos. Como un ciclo que no logra cerrarse.

AI también menciona la Iniciativa Mérida y el operativo Rápido y Furioso. En esa relación ambivalente entre Estados Unidos y México que, por un lado, transfiere fondos para la cooperación y la seguridad regional y, por el otro, realiza operaciones fallidas que sólo empeoran las cosas, al ingresar más armas al país. Ese es el contexto y es sólo la punta del iceberg para las observaciones puntuales que se despliegan después.

Militares, marina y fuerzas policiales

En la guerra contra el narcotráfico, el ejército ha tomado capital importancia. Los enfrentamientos con el crimen organizado se hacen más frecuentes y aumentaron su actividad en el país. Pero así como un día capturan a un cabecilla del narco, otros son detenidos por vínculos con algún cártel. Eso sin contar las violaciones graves de derechos humanos –tales como torturas, desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales y uso excesivo de la fuerza– cometidas por el ejército y la marina.

Ya he hablado de la impunidad de la que gozan las fuerzas armadas y la forma en la que el gobierno defiende los abusos cometidos, situación que también observa AI:

[El gobierno] Siguió afirmando que los abusos eran excepcionales y que sus autores rendían cuentas de sus actos [...]. El sistema de justicia militar seguía a cargo de prácticamente todas las investigaciones sobre denuncias de abusos contra los derechos humanos cometidos por militares y continuó rechazando sin una investigación efectiva la mayoría de las denuncias, con lo que permitía que los perpetradores eludieran la justicia. Se presentaron 1.695 denuncias de abusos cometidos por el ejército y 495 de abusos cometidos por la marina ante la CNDH, que formuló 25 recomendaciones sobre el ejército y 6 sobre la marina. Las autoridades afirmaron que el número relativamente bajo de denuncias que daban lugar a recomendaciones de la CNDH demostraba que la mayoría carecía de base, pero al realizar esta afirmación no tenían en cuenta las limitaciones de muchas de las investigaciones de la CNDH.

Existen varios casos documentados en los que el ejército participó en desapariciones forzadas y tortura, pero los responsables fueron absueltos o de plano se hacían de la vista gorda y aquí no pasó nada. Durante 2011 sólo hubo un caso en el que personal militar compareció ante la justicia y lo más cercano que se tiene a un logro es el primer amparo contra el fuero militar que ganaron las víctimas en diciembre del año pasado.

La policía no corre con mejor suerte en el informe de AI, se advierte que los avances en la reforma de las fuerzas de policía federales, estatales y municipales fueron sumamente lentos. Había pruebas de que algunos policías actuaban en colusión con organizaciones delictivas, incluso en el homicidio de presuntos miembros de organizaciones rivales. Se recibieron informes generalizados sobre uso excesivo de la fuerza, tortura, detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas, pero en su mayoría no se investigaron de forma efectiva.

Total que cuando se trata de homicidios, desaparecidos, tortura y uso excesivo de la fuerza por parte de los cuerpos que se supone cuidan el orden, nadie sabe y nadie supo. Lo peor es que no sólo ocurre con civiles. Se estima, por ejemplo, que en Nuevo León desaparecen 4.5 policías estatales al mes, víctimas de secuestros y levantones por parte del crimen organizado. No existe claridad en torno al número de desapariciones forzadas de elementos de las diversas policías y fuerzas armadas, y tampoco existe transparencia sobre las averiguaciones que se llevan a cabo. O sea, ni siquiera cuidan a los suyos.

Entre tortura y cárceles

Dos condiciones que no se han resuelto con todo y las reformas a la justicia penal. El gobierno federal reconoció que aún existe la tortura en nuestro país y a decir de AI las medidas para prevenir, investigar y castigar la tortura seguían siendo ineficaces, y en las actuaciones judiciales se seguían aceptando declaraciones obtenidas mediante coacción.

Entre los recluidos por coacción, los que roban por comida y el resto, los problemas de hacinamiento y de seguridad en las cárceles se sigue manifestando. ¿Hace falta recordar la fuga masiva de Apodaca? El tema de las cárceles y qué hacer con ellas se ha quedado en la bandeja de entrada porque parece que nadie sabe qué hacer o cómo solucionarlo. Unos quieren privatizarlas, otros quieren construir nuevos penales. No hacen ni lo uno ni lo otro, pero eso sí, cuando hay problemas todos se avientan la bolita y en las cárceles mexicanas se siguen observando muchos de los males que aquejan a nuestro país: corrupción, complicidades, ineptitud, ingobernabilidad, impunidad, fracaso de políticas publicas, supremacía del hampa e injusticia.

Y si piensan que estos son nuestros mayores males, es porque no han leído el resto del informe. Mañana, la segunda entrega del reporte.

Imagen: La Jornada