Nula seguridad para periodistas y defensores de derechos humanos ¿qué queda para nosotros?

Qué más quisiera que empezar la semana hablando de buenas noticias, pero tampoco puedo hacer a un lado los últimos hechos de inseguridad que se han dado, como muestra de la mala situación que periodistas y defensores de derechos humanos están viviendo. El mes pasado se publicó en diferentes medios sobre las amenazas de muerte que han hecho al padre Solalinde, fundador del refugio Hermanos en el Camino, en el que trabaja por la defensa y protección de los migrantes. Ahora una serie de publicaciones da a conocer que el padre Solalinde saldrá temporalmente del país, una noticia triste al pensar que ha sido más fuerte el peso de las amenazas, de las agresiones, que el apoyo y protección que las autoridades puedan brindar al sacerdote y a las personas que trabajan con él.

La Conferencia del Episcopado Mexicano niega que renuncie a su labor y señalan que su ausencia se debe a "compromisos de agenda que el padre ya tiene dentro y fuera del país y coinciden con la última amenaza que tuvo..." y reitera que el padre Solalinde es un pastor que "jamás dejará al rebaño que le fue confiado, desmiento totalmente que se haya retirado de su misión" dice la religiosa Leticia Gutiérrez. Tal vez no deje de ser un defensor de los derechos de migrantes, pero por el momento su salida es por tiempo indeterminado, no se tiene fecha de regreso ni mayor referencia de su ubicación por razones de seguridad.

Mientras tanto, en el otro extremo del país y sumado a los recientes homicidios y agresiones a periodistas, el periódico El Mañana de Nuevo Laredo, Tamaulipas, fue agredido con la explosión de un artefacto y varios impactos de bala a sus instalaciones al rededor de las 21:15 horas del viernes 11 de mayo. A raíz de este suceso, ha dado a conocer a través de un editorial su reserva de informar actos violentos:

Por ello, este periódico apelando a la comprensión de la opinión pública se abstendrá, por el tiempo necesario, de publicar cualquier información que se derive de las disputas violentas que sufre nuestra ciudad y otras regiones del país.

Lamentable. No sólo para el grupo de periodistas, empleados de medios de comunicación y para las personas que mediante alguna actividad defienden los derechos humanos del resto, sino para todos en general. El que un país no sea capaz ni siquiera de garantizar la seguridad a este grupo de personas, que sirven de protección y defensa del resto de la población; de garantizar la libertad de expresión y la libertad de acción, nos da una idea de la incapacidad que tiene de garantizar la seguridad de los ciudadanos.

Aquellos que están a la distancia, que carecen de los medios para reclamar su protección, tratan de llevar una vida normal bajo un nombre desconocido ¿Qué garantía de seguridad tienen? ¿Qué esperanza de llevar una vida tranquila y en paz tienen? Si no hay temor de agredir a figuras públicas, si no hay respeto por sus actividades, si hay más garantía de impunidad que de castigo por los crímenes contra estas personas ¿cómo nos debemos sentir nosotros?

La amenaza del crimen organizado está levantando más su voz ¿Dónde está la voz de la autoridad garantizando, con hechos, la tranquilidad de la población?

Foto: nokallez