Mercado de Trueque: la magia de reciclar y de comer a cambio de basura

Hoy conocí la maravilla de entrar a Chapultepec con basura y salir con espinacas y perejil. En marzo empezó el Mercado de Trueque de Residuos Sólidos, iniciativa de la Secretaría de Medio Ambiente del Gobierno del Distrito Federal, y desde que supe, tuve la intención de acudir. Por una cosa u otra, pude hacerlo hasta esta cuarta edición y no sólo no me arrepiento, quedé fascinada con lo que nosotros llamamos de cariño "el mercadito progre".

Mi experiencia en el Mercado de Trueque

Caminamos a la Primera Sección del Bosque de Chapultepec cargando bolsas con PET, vidrio, envases tetrapack y aluminio, que juntamos en el último mes. Entramos por la Puerta de los Leones y se veían personas que también iban al "mercadito progre" con su basura separada y limpia, así como otras que salían, llevando unas bolsas beige que dicen "Mercado de trueque 2012" o "carritos del mandado", llenos de productos.

A pesar de que ya había leído la dinámica, como buenos primerizos no sabíamos bien a bien qué hacer. Había muchos voluntarios y encargados que nos dijeron amablemente el procedimiento. Pasamos a una primera fila que era la "general". Me sorprendió ver la diversidad reunida en la fila, desde familias enteras con montones de bolsas y tetapacks amarrados, hasta jóvenes solitarios en bicicleta que llevaban una modesta bolsita de mandado. También se podía adivinar variedad en las clases sociales y uno que otro extranjero.

En un punto de la "fila general" nos dividieron en dos. A un lado había una pantalla que mostraba diapositivas sobre el Manejo Integral de los Residuos Sólidos en el Distrito Federal. Después pasamos a lo que se llaman "mesas filtro". Ahí, unas personas nos atendieron y vaciaron en contenedores la basura que llevábamos. Cada contenedor tiene un tipo de basura diferente. Si llevas muchos residuos de un solo tipo, la distribuyen en varios. Al final hay una persona que maneja una báscula y ahí pesa la basura. Hizo cuentas y me dió un ticket con el que pasamos al siguiente módulo para que nos dieran nuestros "puntos verdes".

Ahí, entregamos el ticket y nos dieron 59 "puntos verdes" de diferentes denominaciones --10, 5 y 1- y nuestra bolsa del Mercado de Trueque. Debo decir que ya pasaba del medio día y a esas alturas sólo quedaban espinacas, verdolagas, perejil y cilantro. Primero pasamos a ver los productos que había y mi acompañante se quedó en la fila del perejil. Yo me fui a formar a la larga fila de las espinacas. Mi acompañante regresó con dos manojos de perejil, cada uno había "salido" en ocho "puntos verdes". Con los puntos que quedaban nos dieron espinacas. Se supone que eran 44 puntos en total -once cada montón-, pero me faltaba un punto para completar y la encargada me dijo que no había problema.

Salimos del Mercado de Trueque a descansar un poco a ese pedazo de paraíso que está en Chapultepec, llamado "Audiorama", un espacio de aproximadamente 30 metros de diámetro que está rodeado de flores y árboles, en el que escuchamos música clásica. Ahí pensé que tal vez para muchos utilitaristas y prácticos haber pasado tanto para salir con dos manojos de perejil y una bolsa de espinacas era demasiado. Incluso me tocó escuchar las quejas del hijo de la señora que estaba formada atrás de mí. También presenciamos algunas quejas de otras personas porque ya no alcanzaron una amplia variedad de productos. Pero creo que esta actividad va mucho más allá de eso, es decir, de un "mercado tradicional".

Nosotros llevamos basura. Algo que solemos tirar y por lo que no nos dan absolutamente nada. Con esta actividad no sólo se fomenta la separación de residuos sólidos, con todas las consecuencias positivas que implica, los que participamos estamos ganando algo que tenemos ahí en la bolsa, algo con lo que comimos hoy y que servirá para algunos días más -el menú fue sopa de espinaca y dobladas de espinaca con papa y tocino-.

Entre las conversaciones escuché a varias señoras preguntar cuánto tiempo tenía el programa, por qué no se hacía en otras delegaciones, qué pasaría si ya no alcanzábamos productos. Había interes por participar y hasta querían que se hiciera más seguido. Personalmente creo que vale mucho la pena. Se apoya a los productores de la región y se fomentan las parcelas urbanas, ayuda a la economía familiar y se contribuye a no dañar -tanto- el medio ambiente -y no es exageración si digo que son las espinacas más frescas que he comido-. Oficialmente me declaro admiradora del "mercadito progre" y hasta me dieron ganas de hacerme voluntaria -y de llegar más temprano las próximas ocasiones-.

Reciclar o morir

El próximo 5 de junio es el Día Mundial del Medio Ambiente. El Mercado de Trueque fomenta la cultura del reciclaje para combatir el cambio climático y genera conciencia sobre la importancia de reciclar los residuos que aún tienen valor y que pueden reincorporarse a las cadenas productivas. En este sentido, Martha Delgado Peralta, titular de la Secretaría de Medio Ambiente del Gobierno del Distrito Federal, señaló que en las tres primeras ediciones, el Mercado de Trueque ha contado con la participación de más de 25 mil personas, que han dejado casi 50 toneladas de residuos reciclables como vidrio, envases tetrapack, PET, aluminio, papel y cartón.

A decir de Delgado, con la recolección de estos residuos sólidos se evitó que 450 árboles fueran talados y se convirtieran en papel nuevo, se dejaran de utilizar más de 600 mil litros de agua para su producción y se ahorraron casi 100 mil kilowatts de energía eléctrica. Con el PET recolectado se podrían fabricar más de 80 mil camisas extra grandes de fibra textil y con el aluminio se dejaron de producir mil 600 kilos de fango rojo altamente contaminante, derivado de la fabricación de ese metal. Eso sin contar que más de 70 metros cúbicos que pudieron terminar en la basura, no fueron enviados a ningún relleno para su disposición final.

Si las personas fueran un poco más sensibles en este tipo de temas e hicieran lo que está en sus manos para mejorar el medio ambiente, creo que las cosas cambiarían para bien, por lo menos en ese aspecto. A mí me sigue sorprendiendo que en provincia -por lo menos Toluca y Puebla, que es donde sé y me consta- sigan sin separar la basura. Que se piense que reciclar es una completa pérdida de tiempo. Que se tenga un nulo respeto por el entorno en el que vivimos.

Hace muchos años, pensar en el Distrito Federal era pensar en contaminación y delincuencia, en un lugar terrible para vivir -por lo menos esa idea tenía en mi provinciana cabeza-. Hoy veo con gusto los resultados de este tipo de programas y de otros también encaminados al mismo fin, como Ecobici. Hoy sí creo que el Distrito Federal es la ciudad de la esperanza, por lo menos para mí.