Sentimientos de la Nación: #YoSoy132 convoca a crear una nueva Constitución

Más de 131, el colectivo de estudiantes de la Universidad Iberoamericana que inició el movimiento #YoSoy132, ha lanzado su nueva iniciativa: la redacción de los Sentimientos de la Nación, una nueva Constitución Mexicana. Bajo el nombre del célebre documento que elaboró José María Morelos y Pavón en 1813, la organización convoca a participar en este ejercicio bajo el argumento de que "nuestras leyes tienen 100 años, son obsoletas e incomprensibles." Aquí el vídeo:

La idea tiene puntos fuertes y débiles. Comenzaré por lo bueno: es importante que exista una iniciativa incluyente para la creación de leyes, mediante discusión y consenso público. Hay antecedentes en otros países, como en el Marco Civil de Internet en Brasil, donde la manufactura de la legislación se hace con apoyo de académicos y tomando en cuenta la retroalimentación de la sociedad civil. Este modelo descentralizado es positivo: el uso de las asambleas de #YoSoy132 a lo largo del país permitiría que la redacción abierta de leyes, fomenta la participación ciudadana y da espacio a voces que suelen ser habitualmente ignoradas por los legisladores. Hasta aquí, sin crítica.

El punto más débil de la propuesta es su rompimiento con la Constitución actual. Desde mi perspectiva, se confunden causas con síntomas. Coincido en el planteamiento inicial: la Constitución es el eje rector en el que se cimientan las instituciones, pero lo que se discute en buena parte de la propuesta es una consecuencia de su aplicación errónea, no necesariamente de un planteamiento equivocado. A mí me parece un argumento no sólo que peca de soberbia, sino de torpeza para reconocer que el problema es la ejecución por parte de los organismos institucionales. Es decir: dará igual si se redacta una Constitución nueva desde cero si se mantienen las prácticas de corrupción en quienes hacen valer la ley.

Me parece muy categórico decir que la Constitución es un documento obsoleto. Empero, es muy atinado que señalen que sus reformas suelen ser arbitrarias y motivadas por intereses particulares (y regresamos al tema institucional, porque eso es un problema causado por los grupos partidistas, no por la redacción legal). En ese sentido, la creación de un mecanismo de discusión de propuestas es benéfico, pero el objetivo es desatinado. Sería una práctica provechosa si, por ejemplo, los proyectos de ley y puntos de acuerdo se discutieran en las asambleas y funcionaran para cuestionar al Congreso y Senado. Sería fenomenal si los espacios de discusión funcionaran para generar recursos que se presenten como amicus rae en casos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación u otros tribunales. Ahí se notaría el verdadero potencial de un sistema descentralizado para la creación de contrapesos, como lo demuestran en iniciativas como el contrainforme de gobierno.

Sentimientos de la Nación es una idea incompleta. Yo apelaría por el perfeccionamiento de una Constitución, por crear un organismo de vigilancia sobre modificaciones legales y un órgano de discusión que ejerza presión ciudadana en las reformas. El ideal no es incorrecto: generar propuestas de ley emanadas del debate público. Pero declarar un rompimiento de esta magnitud es ingenuo; y hasta cierto punto, demagógico, porque apela al sentimiento de un país harto de la aplicación engañosa de las leyes pero sin atender la raíz institucional. Es una propuesta loable si se le sabe delimitar para actuar con precisión; si no, es otra carta a los Reyes Magos firmada con mucha catarsis y retórica.