Enrique Peña Nieto, presidente electo de México

Por unanimidad, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ha declarado a Enrique Peña Nieto como presidente electo de México. El resultado era inevitable: con el rechazo del juicio de impugnación interpuesto por Movimiento Ciudadano, era cuestión de horas para que el candidato del PRI fuera reconocido como ganador de la contienda.

El triunfo de Peña Nieto -como el de Calderón hace seis años- deja trastocadas a las instituciones electorales, pero también sienta un golpe severo a la ciudadanía, una sensación de impotencia. Hay que poner algo en claro: la derrota de México como democracia no está en la victoria del PRI. Millones de mexicanos acudieron a las urnas el 1 de julio y sufragaron a favor de Peña Nieto por su voluntad. Es ingenuo (y en el peor de los casos, arrogante) creer que cada voto por el príista fue coaccionado o comprado. No va por ahí. El problema fue la inequidad, el rebase en gastos de campaña, las irregularidades. Quizá Peña Nieto habría ganado sólo con el voto popular, pero la maquinaría que enlodó la elección no nos permitió corroborarlo.

A pesar del anuncio, persiste un grupo de la población que siente que su llegada a los Pinos se dio de una forma turbia, ilegítima. Lo que venga, sin embargo, difícilmente evitará que Peña Nieto asuma la Presidencia. Habrán movilizaciones ciudadanas, como las convocadas por #YoSoy132; habrá una respuesta de Andrés Manuel López Obrador, como dejo entrever en sus declaraciones de esta mañana. Habrá descontento, protesta, rabia... pero también tendremos resignación, decepción y aceptación por parte de quienes, aunque no estén completamente conformes con el resultado ni con el proceder del tribunal, lo reconocerán como mandatario. ¿Y por qué no decirlo? También habrá festejos por parte de sus simpatizantes.

Enrique Peña Nieto es presidente electo de una nación polarizada por su triunfo. De una nación temerosa del regreso de las viejas prácticas del PRI. De una nación dividida por la desigualdad social, la discriminación y el clasismo. De una nación con instituciones electorales debilitadas por el proceso. De una nación harta de la violencia, los asesinatos y la sangre. Pero, sobre todo, de un país más despierto, más crítico, menos sumiso. Que lo que inició durante la campaña, ese despertar ciudadano, no se tire por la borda con su llegada. Por el contrario, señor Peña Nieto: bienvenido al mandato presidencial más vigilado en la historia de México.

Foto: Eduardo Verdugo