Vivir México Opina: la aprobación de la Reforma Laboral

Casi a las 4 de la mañana de este sábado, la Cámara de Diputados concluyó los trabajos para la aprobación de la Reforma Laboral, una legislación que cuenta tanto con sus ventajas como sus desventajas. ¿Cuál es el panorama ahora? ¿Qué nos debe preocupar? A propósito de esta polémica modificación, tres editores de este espacio -Marco A. Gómez, Álvaro López y Pepe Flores- damos nuestro punto de vista:

Marco Antonio Gómez: El enfoque no es el mejor, pero es un avance

La reforma laboral no es la gran bondad que plantean PAN y PRI, ni es una afrenta a "los derechos de los trabajadores conquistados tras años de lucha" como dice la izquierda. El enfoque no es el mejor, pero es un avance; esto a pesar de que el debate mediático se ha visto terriblemente contaminado por los políticos.

En gran medida la reforma viene a legalizar prácticas que ya se cometían y a rellenar huecos que permitían a las empresas aprovecharse de huecos en perjuicio del trabajador, específicamente en el campo de la subcontratación.

Además, también es cierto que reduce la carga a empresas al momento de contratar y despedir que de alguna manera ayudará a la rotación de personal e incrementará la productividad, aunque otras medidas son necesarias. Por ejemplo, si se quiere aumentar la productividad, debemos darle a las condiciones de trabajo y de pago ese enfoque; un salario fijo, pero una compensación adicional en función de la cantidad y calidad de su trabajo.

Por otro lado, desafortunadamente la gran ausencia en lo aprobado es la transparencia sindical que en Comisiones bloquearon el PRI, Verde, Panal y un diputado del PT.

También triste fue la toma de tribuna de los diputados de izquierda, que muchos justificarán debido al “bodrio” que se pretendía aprobar; sin embargo, estas acciones puestas sobre el diálogo y la sana discusión dejan ver que quizá la izquierda no tenía argumentos sólidos o sabía que no tenían posibilidad de cambiar el sentido de la votación y optaron por intentar reventar la sesión.

Así es la democracia y así es la democracia mexicana, desafortunadamente. La reforma tiene sus cosas buenas y malas, así como carencias, pero insisto en que no es la panacea, pero tampoco no llevará a la ruina.

Álvaro López: Se debe actuar diferente para obtener resultados diferentes

El tema de la reforma laboral es muy controversial por naturales razones, pero a mí me quedan claras dos cosas: ni es la panacea que nos pretenden vender dónde se cree que aplicando esta reforma vamos ir directo al progreso, pero tampoco es una reforma tan mala, que ya nada más falta que la cataloguen como crimen de lesa humanidad en perjuicio de los trabajadores. La izquierda (no toda, pero si una parte) ha jugado un penoso papel en este proceso, no por los “qué”, porque tienen el derecho de estar en contra, sino por los “cómo”.

Albert Einstein decía que se debía actuar diferente si se querían obtener resultados diferentes. Y es que también es cierto que la ley laboral tiene ya varias décadas vigente por lo cual es obsoleta, y por ende vemos que muchas empresas dan trabajo sin contrato. Esto no es necesariamente porque sean malos o “negreros” (en muchos casos no es así, sin negar que en otros si lo es), sino porque de otra forma no podrían contratarlos. Esto es porque la dinámica laboral ha cambiado. Varias de las propuestas se implementan en otros países y no pasa nada malo, como el trabajo por horas implementado en todos los países desarrollados, excepto Japón.

Creo también que se debe ir construyendo un sistema de seguridad social más sólido, el cual deba ser financiado por el gobierno (con dinero de los impuestos) y no tanto por las empresas. Muchos países como es el caso de Canadá, tienen leyes muy flexibles donde las empresas pueden contratar y despedir muy fácilmente, pero esto también funciona porque su sistema de seguridad social da un “colchón” al trabajador en el tiempo que busca trabajo.

Pepe Flores: ¿De qué sirven los derechos del trabajador sin mecanismos para hacerlos valer?

Yo quiero hablar un poco de mi experiencia. Las situaciones irregulares en el ámbito laboral en México son cosa de todos los días. En ninguno de los trabajos que he tenido en el país he recibido seguridad social. En algunos, ni siquiera un contrato. Como trabajador autónomo (o freelance) he ofrecido en varias ocasiones expedir recibos de honorarios, pero los responsables me dicen que no, "que para que me ahorre los impuestos". Lo he visto de los dos lados: como empleador, hay quienes te dicen que prefieren recibir "la lana íntegra" a que una parte de su dinero termine en el fisco.

Me sobran los ejemplos. Tuve un trabajo donde sí presentaba recibo de honorarios, pero no podían ser de folios consecutivos. ¿La razón? Porque si yo iba a un tribunal con mis facturas numeradas, podía argumentar que era empleado y reclamar derechos. Conozco amigos que nunca firman contrato pero el primer día ya firmaron cláusulas de confidencialidad y cartas de renuncia. Tengo conocidos que han sido nombrados socios industriales, porque la ley determina que esa figura no es un trabajador per se y la empresa no está obligada a darle prestaciones.

Admitámoslo: lo que tememos de la Reforma son realidades que ya están a nuestro derredor. ¿Pagos por hora? Ahí están los patrones que descuentas horas por ausencias (a veces justificadas), pero no pagan horas extra porque "nos vamos hasta terminar la chamba". ¿Contratos a prueba? Tenemos a los jefes que contratan a alguien ya iniciada una quincena y no le pagan el proporcional "porque apenas le va agarrando la onda". O la infumable figura del "becario", con la que se paga una cantidad ridícula "porque está chavo y tiene que ganar experiencia de algún modo".

¿A dónde me dirijo? No pretendo satanizar a los empresarios (ni santificar a los empleados, que hay de todo tipo, de estoicos a holgazanes). Lo que quiero dejar evidente es que buena parte del problema pasa por una cuestión cultural. Como señalan Marco y Álvaro líneas arriba, la Reforma Laboral intenta (con más o menos atino) regular estas situaciones. Empero, que los abusos continúen no es tanto cuestión de la legislación como de la impartición. ¿Cuál es el punto de la letra si no se aplica? ¿De qué sirven los derechos del trabajador sin mecanismos para hacerlos valer? Con o sin modificaciones, mientras las instituciones no estén fortalecidas (como las Comisiones de Conciliación y Arbitraje o la recaudación fiscal de Hacienda), siempre habrá quien, de ambos bandos, encuentre cómo darle la vuelta.