La solidez de la banca mexicana es un ejemplo a nivel internacional

Si leemos en los periódicos las secciones enfocados a la economía y las finanzas podremos ver noticias sobre problemas de deuda en Europa, principalmente España, donde los bancos podrían necesitar rescates millonarios para atender problemas de liquidez. Si recordamos la más reciente crisis financiera, también notaremos que grandes bancos en Estados Unidos necesitaron cuantiosas sumas para continuar operando.

Como consecuencia el Comité de Basilea, que reúne a las autoridades de supervisión bancaria en el mundo, ha anunciado nuevos estándares para los bancos del mundo a fin de evitar este tipo de crisis. La pregunta que hoy nos atañe es qué tan preparado se encuentra México; la respuesta es: mucho.

Un artículo publicado por la Reserva Federal de Dallas (PDF) presume cómo la banca mexicana se encuentra muy por delante de los nuevos estándares, lo que ha permitido que el sector no haya sucumbido en la crisis de 2009 y no sufra contagios en la actual. Esto a pesar de que el PIB de México se contrajo 6% en 2009 y que el PIB per cápita se redujo casi 10%.

El nuevo estándar propuesto, conocido como Basilea III, pide a los bancos un requerimiento mínimo de capital y liquidez; mayor supervisión en la administración de riesgo y planeación de capital; y disciplina y transparencia. Estas medidas se espera que estén completamente implementadas en 2019; sin embargo, México iniciará con su aplicación en 2013, debido a que la legislación actual ya cuenta con grandes avances.

Tras la crisis de 1994 y el rescate del sistema bancario mexicano (el famoso Fobaproa), que costó 100 mil millones de dólares o 17% del PIB de México en ese año, la legislación en México se endureció para evitar futuros colapsos ocasionados por grandes niveles de deuda de los bancos mexicanos.

Con la adopción de Basilea III se pedirá que la relación activos de riesgo-capital(1) sea de por lo menos 9%, comparado al 2% actual. Esto es de vital importancia para evitar futuras crisis porque el capital permite absorber pérdidas a los bancos y continuar operaciones.

La regulación adoptada en México tras la crisis del 94 ha llevado a la banca mexicana a tener un relación activos de riesgo-capital de alrededor del 15 por ciento. Además, por ley, las subsidiarias mexicanas de bancos extranjeros se manejan como una unidad independiente, separando operaciones, capital, créditos y financiamiento, lo que permite evitar contagios de la casa matriz. De la misma manera, también existe una regulación muy estricta sobre el porcentaje de ganancias que se pueden repatriar.

Sin embargo, esta estricta regulación le ha costado a la banca mexicana pues ha encarecido el crédito. Debido a que el crédito otorgado a clientes debe estar respaldado por capital del banco, el otorgamiento se ha disminuido a alrededor del 26% del PIB anual, niveles similares a países como Venezuela y Guatamala; muy lejos de lo que debería corresponder a un país en desarrollo como México, Chile o Brazil donde llega a ser de más del 100% del PIB.

Las principales críticas a las medidas de Basilea III van en este sentido, el encarecimiento del crédito; además de que otras medidas podrían generar un mercado bancario más concentrado (con menos competencia). Esta falta de competencia fue lo que permitió en México el cobro de comisiones e intereses muy altos a los clientes, convirtiendo a las subsidiarias mexicanas en las más lucrativas de los grandes corporativos. Esto, aunado al bajo nivel de otorgamiento de créditos preocupa a algunos.

Sin embargo, muchos otros opinan que estas desventajas benefician a la sociedad en el largo plazo pues permite que el sistema financiero opere de manera más sólida y se evite la exposición al riesgo de los contribuyentes al reducir las posibilidades de un futuro rescate estilo Fobaproa.

Aún quedan medidas que México deberá tomar para adoptar todas las recomendaciones de Basilea, pero por el momento con la legislación actual la banca del país es ejemplo en el plano internacional.

(1) Un activo de riesgo es todo aquel que puede ocasionar una pérdida al banco. En estos casos hablamos de deuda otorgada a particulares que pueden convertirse en cartera vencida.

Imagen: Vívelo hoy