El estigma de la homosexualidad para los donadores de sangre

Hoy ha arrancado con bombo y platillo la campaña "Comparte lo Más Valioso que Tienes. Dona Sangre", mediante la cual, la Cruz Roja busca interesar a las personas en este tema. En México, sólo un tres por ciento de la población dona de manera voluntaria; y para hacerlo, tiene que pasar por una serie de filtros bastante rigurosos.

Hace unos meses, Katya Albiter explicaba lo engorroso que puede ser el proceso:

En la fila nos dieron varios folletos que indicaban cuando no se es candidato para donar. Los requisitos básicos me hicieron sentir peor que si me estuviera postulando para una beca. Te piden ser mayor de edad; pesar más de 50 kilos -otros piden como mínimo 55-; estar sano -no haber tomado medicamento recientemente, no tener diabetes, hipertensión arterial u otras enfermedades crónicas-; no haber padecido de hepatitis; si tienes tatuajes o perforaciones, deben tener más de un año de antigüedad -otros piden más tiempo, aunque en ese momento todavía no tenía tatuajes ni muchas perforaciones-; como mujer no puedes donar si estas embarazadas, menstruando o lactando; debes presentarte sin haber ingerido bebidas alcohólicas en las últimas 48 horas y en ayunas; y no tener practicas de riesgo como consumo de drogas, promiscuidad sexual, practicas sexuales sin protección con diferentes parejas y cosas así. Es decir, no cualquiera cumple con todas esas cosas. A mi acompañante lo regresaron porque tenía algo así como principios de resfriado y a mí casi no me dejan donar porque no me acordaba cuándo me había bajado, ja.

Uno de los criterios que pone la Norma Oficial Mexicana NOM-003-SSA2-1993 para descartar donantes es si se trata de hombres homosexuales o bisexuales (5.3.3, inciso a y b). Esto se basa en el supuesto de que son una población de alto riesgo para contraer para adquirir el virus de inmunodeficiencia adquirida (VIH) o de la hepatitis. Dentro de estos excluídos también se encuentran heterosexuales con varias compañeras sexuales (¿cuántas son "varias"?), trabajadores sexuales, farmacodependientes por vía intravenosa (traducción: drogadictos), hemofílicos y politrasfundidos, exproveedores remunerados de sangre o plasma, exinternados en instituciones penales o psicológicas, y compañeros sexuales de cualquiera de los antes mencionados.

Hay más o menos razones históricas y socioculturales para estas excepciones (fueron formuladas en 1993, en otro contexto), pero me parece que las que apelan a la diversidad sexual están caducas. La norma asume que los homosexuales y bisexuales tienen prácticas de alto riesgo porque no necesitan protección anticonceptiva. Es decir, en un primer momento existe un juicio de valor: que el uso de estos mecanismos de protección -como el condón- tiene un fin mayormente para evitar el embarazo, obviando que también previene el contagio de enfermedades de transmisión sexual. El sesgo también afecta a las lesbianas; aunque la incidencia de transmisión de VIH en este grupo es menor, no es inexistente.

Es probable que la norma tenga también una justificación cultural en una creencia que asocia la promiscuidad con la homosexualidad (masculina, sobre todo). Pero esa concepción debería estar superada. Lourdes Vargas, responsable del banco de sangre de la Cruz Roja Mexicana, señala que desde hace un lustro tratan de combatir el estigma a la homosexualidad en donantes. "Tan riesgoso es un homosexual promiscuo –persona que tiene varias parejas sexuales- como un heterosexual promiscuo", señala Vargas. Sin embargo, la letra aún mantiene ese tabú vigente; y en la práctica, la inmensa mayoría de los hospitales aún rechazan a homosexuales como donantes bajo el prejuicio. En Estados Unidos, por ejemplo, ya han empezado a examinar si levantan la prohibición.

Entiendo que no se deben escatimar los cuidados para filtrar las donaciones, pero ese tipo de medidas deben llevarse con cuidado sin caer en la estigmatización. En algún momento, quienes se hacen tatuajes o perforaciones sufrieron ese señalamiento, hasta que la norma determinó que podían donar después de un año (en ciertos casos, se pide un poco más de tiempo). Hoy en día, la realidad es distinta: hay centenas de miles de homosexuales en el país que llevan su vida con una sola pareja sexual. Hay muchos homosexuales y bisexuales que sostienen relaciones casuales con protección. El avance en educación sexual de la década de los noventa al día de hoy es significativo, ¿por qué las normas no pueden ir al mismo paso?

Por último, un apunte sobre la promiscuidad. ¿Cuántas parejas sexuales se consideran "varias"? Como dirían coloquialmente, ¿qué tanto es tantito? Si mal no recuerdo sobre la vez que doné sangre, eran tres o más en un año. Se comprende que hasta con protección existe un riesgo latente de contagio, pero ¿de dónde sale la cifra? ¿Existe algún índice estadístico que indique que después de tres el riesgo ya es demasiado alto? ¿O fue sólo un número sugerido que debería ser revisado? Es muy importante que, en el afán de no estigmatizar a un grupo, tampoco se caiga en señalar y condenar el ejercicio de la vida sexual. Un tema complejo -sobre todo, cuando tiene que ver con políticas de salud pública-, pero donde indispensable hallar un balance.