Felipe Calderón propone cambiar el nombre oficial de México

El nombre oficial de nuestro país es Estados Unidos Mexicanos. Para muchos, es considerado como anacrónico, pues fue otorgado en la Constitución de 1824, celebrada después de la Guerra de Independencia. Igualmente, se nombró así a nuestra nación tomando como referencia a Estados Unidos de América, que se constituyó en 1776 como un Estado soberano. En ese momento -en pleno auge de los movimientos separatistas coloniales en América- sonaba como muy lógico tomar al vecino del norte como el referente.

En nuestros días, sólo los documentos oficiales utilizan el nombre de Estados Unidos Mexicanos. Para todos los habitantes del país, el término común es México. ¿Por qué no cambiarlo? Bueno, hay toda una logística que tendría que llevarse para hacerlo: de entrada, hacer que todos los formatos oficiales -desde un acta de nacimiento hasta las identificaciones- se unifiquen bajo el mismo apelativo. Eso, por supuesto, es sumamente costoso. Al largo plazo, incluso las monedas y billetes que se acuñen en el Banco de México deberían utilizar este nuevo nombre. Más gasto. Como podemos ver, en realidad, el cambio no se hace oficial por un tema de responsabilidad financiera.

En el ocaso de su sexenio, Felipe Calderón ha decidido proponer que se haga esta modificación. Las razones son las de siempre: Estados Unidos Mexicanos es un nombre obsoleto y demodé. Su argumento también apela a lo simbólico: divorciarse de esa referencia con Estados Unidos -una idea patriota que ya se propuso en el Senado durante el Bicentenario-. Quizá el Presidente se ha inspirado en lo que dijo Miguel Ángel Mancera hace unos días, proponiendo cambiarle el nombre al Distrito Federal por Ciudad Capital. Por supuesto, el nuevo Jefe de Gobierno tiene un argumento más sólido: el cambio de nombre vendría con que el D.F. (¿o la C.C.?) se convierta en el estado 32 de la federación, pudiendo acceder a más fondos gubernamentales -otro debate del que se ha hablado largo y tendido-.

No es ocioso que Calderón haga la propuesta hacia el final de su mandato. De dejar la reforma -y aprobarse- la responsabilidad del cambio correspondería a la administración de Enrique Peña Nieto. ¿Se justifica el gasto? Por más que concuerde con que el nombre oficial ya no está en boga, creo que es una nimiedad que puede costar muchísimo. Sólo basta recordar el capricho de Vicente Fox y el águila "mocha", con la cual se erogó una cantidad millonaria en papelería oficial, sólo para que el mandatario dejara su huella. Al final, Calderón retiró ese emblema en 2006, para retomar el antiguo.

Creo que México, independientemente del nombre oficial, es una identidad. Eso, con un nuevo nombre o no, no va a cambiar: el mexicano seguirá reconociéndose como tal. Sí, quizá Estados Unidos Mexicanos haya quedado acorde con una época que ya no vivimos, pero el gasto de renovar esa imagen no se justifica en realidad. Pero, bueno, cuando te quedan sólo ocho días de mandato, cualquier pretexto es bueno para dar de qué hablar.