Entregan las ciudades, de Dios al crimen organizado

Margarita Arellanes, alcaldesa de Monterrey, entregó a Jesucristo Nuestro Señor las llaves de la ciudad, para que su reino de paz y bendición sea establecido. La declaración le costó un duro golpe mediático. ¿Cómo es posible que el gobierno le entregue las llaves de la ciudad a un dios si se supone que debe ser laico?

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Luego, la alcaldesa se defendió diciendo que lo hacía de manera individual. Según ella, cada quien puede hacerlo según sus creencias.

Sí, en lo personal, pero desde que uno se postula a un puesto de elección popular deja de ser una persona común y corriente y cuando se llega a la cabeza de un gobierno, mucho menos.

“Hay que ser respetuosos y tolerantes ante aquellas personas que tenemos o creemos en un ser supremo y me parece que es válido así como también es válido respetar aquellas personas que tienen una creencia distinta”-dijo en conferencia de prensa

Claro que hay que ser respetuosos y tolerantes, pero al ocupar un puesto político hay que ser muy cuidadosos de lo que se declara y cómo se declara, es la representación de todo un gobierno.

Como no ha parado de recibir críticas, ha seguido haciendo declaraciones a la prensa. El pasado fin de semana acudió a Ciudad Victoria para apoyar a los candidatos del PAN que buscan ser elegidos en esa entidad. Ahí declaró lo siguiente:

"Hay quienes señalan esa acción, sin embargo, también hay otros que entregan las ciudades al crimen organizado y no les dicen nada"

No les dicen nada porque no lo hacen en una ceremonia al público en general y lo gritan. Si lo hacen, sucede por amenazas o por corrupción, y no los estoy justificando. Además, en este país donde gobierno y religión están peleados a muerte, ¿en qué cabeza cabe hacer semejante declaración y luego decir que fue un acto individual?

"No me arrepiento, porque arrepentirme, negar a Dios, negar mi fe, sería como negarme a mí misma, y eso nunca lo voy a hacer, estoy convencida que debemos de seguir trabajando por los intereses de la ciudad en un marco de respeto..." -declaró.

En su casa que haga lo que quiera, pero como gobernante tiene que darse cuenta de las declaraciones que debe hacer, nadie está cuestionando su fe u obligándola a negarla, pero sí a fijarse que al ocupar ese puesto, deja de ser un ciudadano común, es un ciudadano encargado de una ciudad y por lo tanto, de ciudadanos.

Fotografías: Publimetro | La Razón