La Cultura en México ¿realmente es para todos?

Cuando salí de la universidad una de mis crisis -por así llamarlo- fue cuando acudía a eventos culturales y digamos que ya no recibía el mismo trato. Ahora llegaba a la taquilla, compraba mi boleto, pero ya no me hacían ningún descuento. Para nada era niña, dejé de ser estudiante, no era maestra y me faltaba mucho para ser adulto mayor -o "de la tercera edad" como se decía en esos tiempos-. Eso sí orgullosamente me había unido a la clase trabajadora, pero al parecer en el ámbito cultural y para los servicios que ofrecen descuentos de este tipo, eso no es meritorio de trato especial, de hecho me coloca en el montón. Entre chiste -y un poco de verdad- me burlaba de mí misma diciendo que me sentía algo discriminada.

Palacio de Bellas Artes

Varios años han pasado de eso, pero tengo algo que confesar, cada vez que reviso los precios de un evento o los pongo en la cartelera que en Vivir México publicamos, cuando llego a la parte de los descuentos no puedo dejar de sentir... pues sí, un poco de envidia; pero por otro lado pasa por mi cabeza cierto cuestionamiento de si esto es o no justo -por llamarlo de alguna manera- o tal vez hasta beneficioso para la promoción cultural.

Vaya, los motivos para hacer esas consideraciones los entiendo: llevar a la familia completa al teatro, concierto, cine o lo que sea, se eleva mucho y es importante motivar en los niños las actividades culturales, por eso se hace descuento para niños. Los adultos mayores muchas veces tienen pensiones poco dignas, esta es una forma de apoyarlos a que puedan asistir a eventos, y también -yo digo- ya trabajaron mucho tiempo por el resto de las generaciones así que es una manera de recompensarles. Los estudiantes, especialmente los universitarios, durante mucho tiempo se les ha considerado por el hecho de que se las ven duras manteniéndose lejos de sus familias y como parte de su formación es necesario que vayan a eventos culturales. Los maestros, también durante mucho tiempo tuvieron sueldos muy bajos y como parte de su profesión es adecuado fomentar que asistan a eventos culturales. Pero, partiendo de esta última consideración ¿por qué se cree que al obrero, al empleado, al vendedor, al empresario, no se le debe fomentar su asistencia a eventos culturales? ¿se cree que ellos sí tienen el suficiente ingreso para pagar un boleto sin problema? La realidad nos dice otra cosa.

De hecho el trabajador promedio se enfrenta a otras dificultades aparte del poder pagar un boleto: la falta de tiempo. A diferencia de la gran mayoría de maestros, el resto de trabajadores generalmente cumplen horarios de tiempo completo, a veces de 6 días a la semana, por lo que se vuelve difícil cuadrar trabajo, familia y recreación, quedando esta última relegada al casi nunca. Para muestra basta con pararse un tiempo en eventos culturales universitarios o de los organismos de gobierno para darse cuenta que el grupo de gente que asiste como público suele ser el mismo: estudiantes, maestros, personas que trabajan ligados al ambiente cultural y por ahí, en mínima cantidad de lo que se desearía, algunos ajenos a este ambiente. Eso sí, los eventos culturales se cuentan y se aplauden como si se estuviera cultivando a toda la población.

¿La cultura es para todos? Se supone que sí, pero este tipo de descuentos pareciera decir lo contrario. Sobre todo cuando la verdad, una gran cantidad de maestros y estudiantes universitarios ya no están en las condiciones tan malas en que estaban antes, o al menos no están por debajo de las condiciones en que se encuentra cualquier otro trabajador. Para muestra basta ver la forma en que se pelean por obtener una plaza docente, no todos es por amor a la profesión, sino porque ahora un docente está mejor pagado y con mejores prestaciones que muchos empleados de otras profesiones. Muchos estudiantes hasta viven de la "beca familiar", en la que los mantienen sin presiones mientras estén estudiando, y algunos están tan conscientes que es hasta mejor que un sueldo, por lo que mejor estudian lo que sea y evitan a toda costa ingresar al ámbito laboral con tal de no perderla. ¿No sería mejor que como trabajadores y como futuros trabajadores, recibieran el mismo trato que el resto?

Es más, si nos ponemos un poco más estrictos aquellos que pagan su boleto completo están financiando la entrada de los demás. Posiblemente en aquellos eventos financiados por gobierno a los que no se les pide que rindan cuentas no, pero aquellos que buscan ser redituables sí. Si yo como organizador del evento necesito cubrir gastos de 35 mil pesos, persigo una ganancia de 15 mil (por poner un ejemplo simple sin meter otros factores como patrocinadores, número de presentaciones, etc.) y la capacidad de mi evento es para 200 personas tendré que cobrar el boleto a $250. ¡Ah! pero si quiero ofrecer descuento a niños, adultos mayores, estudiantes y maestros y dárselos a ellos a $150, podría limitarlo a sólo 50 de estos lugares con descuento, pero al resto tendré que cobrarles $284. O si no quiero limitar la opción del descuento, bueno, tomaré una decisión basada en la experiencia de eventos previos para calcular normalmente cuantos podrían llegar, pero fácilmente podemos imaginar que el boleto normal costará más de $300 para que no haya pierde. Sería lindo pensar que el descuento va por cuenta del organizador y tal vez algunos sí lo hagan, pero cuando se busca que un evento sea redituable -como deberían ser todos los eventos culturales- las cuentas funcionan como en cualquier otro negocio.

Entonces, ya entrados en todos estos detalles cuando además revisas las noticias y ves que en lo que va del año si hay un sector que ha causado tantos problemas y planea seguirlos causando son precisamente los maestros -hace unos meses los estudiantes también- y por el otro lado cuando revisas carteleras ves que hay descuentos precisamente para estos grupos pero para el trabajador promedio no, pues todavía luce más injusto ¿no? Si alguien ha pagado el llegar tarde a su trabajo por las marchas; perder citas de negocio; que le descuenten bonos de puntualidad o hasta de productividad; ver a dónde lleva a su hijo porque otra vez no tiene clases; o de plano pasarlo a una escuela particular para que sí pueda recibir una educación, es el trabajador promedio. Pero eso si, cuando logra ir a un evento cultural a él no se le da beneficio alguno.

Honestamente creo que se ha descuidado mucho el llevar la cultura a toda la población, no sólo con los descuentos, de muchas formas, pero creo que esa es una muy representativa para mostrar cómo se ha relegado al público general: "tú no eres igual y por eso no te favorecemos". Lo peor de todo es que la mayoría de ese público general se lo ha creído y se ha visualizado a sí mismo como una persona ajena a la cultura, ajena a ir al teatro, a ir a un concierto, a un ballet, porque "eso no es para mí, es para estudiantes, maestros e intelectuales" se cree muy en el fondo y ya ni si quiera se buscan las opciones gratuitas -que también las hay-.

Una tarea difícil tienen los promotores culturales en el país, pues no hay nada más complicado que tumbar barreras y quitar tabús, pero también hay que decir que ellos pusieron la primera piedra. Por mi parte podrán pensar que lo que digo es por estar del lado desfavorecido, pero en realidad no; les puedo decir que he estado en ambos lados de la situación, he sido empleada y he sido maestra, he recibido descuentos y no -me he mal acostumbrado, tal vez-. Pero precisamente por conocer ambas situaciones les puedo decir que si hay alguien que necesita ser reconquistado; si hay alguien que tiene un nivel de estrés que bien pudiera ser desahogado a través del arte; si hay alguien a quien se le debe facilitar la oferta cultural, con mejores horarios, mejores precios, mejores paquetes, hasta mejor promoción, es al trabajador promedio. En torno a él deberían de basarse los planes culturales, si es que se quiere tener más público y una población culta. Y del resto de los sectores, no sugiero que los dejen olvidados, pero no veo por qué el cambiar la visión los vaya a afectar o dejar relegados. De hecho tratar a estudiantes y maestros como iguales no es ir contra la educación, es parte de su educación.

Foto: sari dennise