Hace falta educación; 48% de los enfermos de SIDA no conocen su condición

El Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH y el SIDA (Censida) estima que alrededor de 183.000 mexicanos están infectadas con el virus del VIH. Lo más alarmante es que aproximadamente solo la mitad (52%) conoce su estatus.

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De acuerdo con Patricia Uribe, titular de la Consida, en el 2012 se registraron 4.598 casos nuevos, mientras que se registraron 140 mujeres con SIDA prenatal. La meta es que para el 2018 no haya mujeres embarazadas con esta enfermedad.

Aunque las personas se someten a un examen de detección de SIDA, ya sea por decisión propia o por situaciones como la donación de sangre, el 50% de ellos no regresa por sus resultados. Es necesario reforzar la idea de la revisión periódica.

Si al desconocimiento de la portación de VIH le agregamos que los mexicanos, principalmente adolescentes, practican relaciones sexuales de alto riesgo, es decir, con una protección mínima, la situación se agrava.

El problema se reduce nuevamente a uno educativo y social, donde la educación sexual aún parece ser tabú en muchos lugares. Incluso, ha habido casos donde las políticas públicas se elaboran basándose en estos conceptos morales que, si bien son válidos, no deben usarse como única opción desde el gobierno.

Un gobierno debe dar información suficiente a los ciudadanos para que tomen la decisión que mejor les convenga, en lugar de imponer una alternativa como política de salud.

Esfuerzos desde la propia ciudadanía se han hecho. Hoy por la mañana leía un artículo de la revista Wired sobre Rubberit, una empresa que vende condones por internet y que por cada venta entrega uno más en poblaciones donde la presencia del SIDA es alta, así como la falta de educación sexual.

Pese a que quienes tenemos una educación sexual más completa tenemos la obligación de empezar a empujar los límites de estos tubúes en medida de lo posible. Pero el mayor esfuerzo debe venir de parte del gobierno, donde la solución no es meramente entregar preservativos, sino implementar una política de salud y educación pública.

Solo así combatiremos las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados.

Imagen: Uncomo