La Reforma Energética es tibia, pero es un avance

Por fin se dio a conocer la tan esperada Reforma Energética, de la que tanto se había hablado y a la cual muchos habían descalificado sin siquiera saber bien a bien de qué se trataba.

Tras conocer su contenido, podemos decir que la dichosa reforma dista mucho de hacer lo que una reforma debe hacer, es decir, cambiar el panorama del sector.

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En días previos se dijo que el motivo de retrasar una semana la presentación de la reforma era para analizar dos posibles escenarios. Uno de ellos sería liberal, con una apertura del sector a la inversión privada, que en teoría hubiera sido económicamente mejor, pero muy costoso políticamente hablando; el segundo, con el que nos quedamos, fue una propuesta tibia que no cambia mucho el panorama.

¿De que se trata la reforma? De acuerdo con el discurso de nuestro Presidente, son 10 los ejes de la iniciativa; cinco para el sector petrolero y cinco para el eléctrico:

  1. Retoma palabra por palabra el texto del artículo 27 de la Constitución propuesto por Lázaro Cárdenas al Congreso.
  2. Nuevo régimen fiscal para Petróleos Mexicanos que vendrá en la reforma fiscal.
  3. Reestructura de Pemex.
  4. Mayor transparencia al interior de Pemex.
  5. Reglas de contenido nacional para las compras de Pemex.
  6. La reforma del artículo 27 constitucional para permitir la generación de electricidad a menor costo.
  7. La transmisión y distribución de la energía seguirá estando en manos del Estado.
  8. Se fortalece a la CFE mediante una mayor flexibilidad operativa que reduzca costos.
  9. Dotar de mayores facultades a la Secretaría de Economía y la Comisión Reguladora de Energía
  10. Mayor inversión en el desarrollo tecnológico y nuevas formas de energía menos contaminantes.

La iniciativa en sí (PDF), luego de 26 páginas de justificación y anuncio de los cambios que se planean para la industria, presenta el cambio a dos artículos de la Constitución: el 27 y el 28.

Aprovecho para ponerles los dos textos del artículo 27:

Texto actual Texto propuesto
En los casos a que se refieren los dos párrafos anteriores, el dominio de la Nación es inalienable e imprescriptible y la explotación, el uso o el aprovechamiento de los recursos de que se trata, por los particulares o por sociedades constituidas conforme a las leyes mexicanas, no podrá realizarse sino mediante concesiones, otorgadas por el Ejecutivo Federal, de acuerdo con las reglas y condiciones que establezcan las leyes, salvo en radiodifusión y telecomunicaciones, que serán otorgadas por el Instituto Federal de Telecomunicaciones. Las normas legales relativas a obras o trabajos de explotación de los minerales y substancias a que se refiere el párrafo cuarto, regularán la ejecución y comprobación de los que se efectúen o deban efectuarse a partir de su vigencia, independientemente de la fecha de otorgamiento de las concesiones, y su inobservancia dará lugar a la cancelación de éstas. El Gobierno Federal tiene la facultad de establecer reservas nacionales y suprimirlas. Las declaratorias correspondientes se harán por el Ejecutivo en los casos y condiciones que las leyes prevean. Tratándose del petróleo y de los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos o de minerales radioactivos, no se otorgarán concesiones ni contratos, ni subsistirán los que en su caso se hayan otorgado y la Nación llevará a cabo la explotación de esos productos, en los términos que señale la Ley Reglamentaria respectiva. Corresponde exclusivamente a la Nación generar, conducir, transformar, distribuir y abastecer energía eléctrica que tenga por objeto la prestación de servicio público. En esta materia no se otorgarán concesiones a los particulares y la Nación aprovechará los bienes y recursos naturales que se requieran para dichos fines. En los casos a que se refieren los dos párrafos anteriores, el dominio de la Nación es inalienable e imprescriptible y la explotación, el uso o el aprovechamiento de los recursos de que se trata, por los particulares o por sociedades constituidas conforme a las leyes mexicanas, no podrá realizarse sino mediante concesiones, otorgadas por el Ejecutivo Federal, de acuerdo con las reglas y condiciones que establezcan las leyes, salvo en radiodifusión y telecomunicaciones, que serán otorgadas por el Instituto Federal de Telecomunicaciones. Las normas legales relativas a obras o trabajos de explotación de los minerales y substancias a que se refiere el párrafo cuarto, regularán la ejecución y comprobación de los que se efectúen o deban efectuarse a partir de su vigencia, independientemente de la fecha de otorgamiento de las concesiones, y su inobservancia dará lugar a la cancelación de éstas. No se otorgarán concesiones ni contratos respecto de minerales radioactivos. El Gobierno Federal tiene la facultad de establecer reservas nacionales y suprimirlas. Las declaratorias correspondientes se harán por el Ejecutivo en los casos y condiciones que las leyes prevean. Tratándose del petróleo y de los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos no se expedirán concesiones y la Ley Reglamentaria respectiva determinará la forma en que la Nación llevará a cabo las explotaciones de esos productos. Corresponde exclusivamente a la Nación el control del sistema eléctrico nacional, así como el servicio público de transmisión y distribución de energía eléctrica; en dichas actividades no se otorgarán concesiones, sin perjuicio de que el Estado pueda celebrar contratos con particulares en los términos que establezcan las leyes, mismas que determinarán la forma en que podrán participar en las demás actividades de la industria eléctrica.

En tanto, al artículo 28 sólo se le adiciona una frase:

Tratándose de electricidad, petróleo y demás hidrocarburos, se estará a lo dispuesto por el artículo 27 párrafo sexto de esta Constitución.

Dado que no soy abogado, por lo que entiendo, la modificación al artículo 27 elimina el candado de que sólo el Estado sea quien explote los hidrocarburos y, al abrirse la posibilidad a la asociación con privados, transfiere a las leyes secundarias determinar cómo es que se harán estas asociaciones.

Por lo que dijo el Presidente, la propuesta es que se firmen contratos de utilidad compartida, donde Pemex se llevará un cacho del pastel y los privados otro, aunque la tenencia del petróleo será siempre de la Nación (lo que sea que eso signifique). Esto suena lógico, ya que al compartir el riesgo de una inversión para extraer petróleo, es justo que los privados se lleven algo.

Lo que más llama la atención de la reforma al artículo 27 es en el sector eléctrico. La redacción da a entender que los privados ahora podrían producir electricidad, pero que el sistema y su distribución continuarán en manos del Estado. Esta situación es muy cercana a lo que yo consideraría ideal; la única diferencia es que la electricidad sería comprada por CFE y vendida a los usuarios, en lugar de que los consumidores elijan directamente a qué productor comprarle.

Ahora, la reforma no es tan reformadora, ya que no está cambiando de gran manera el sector petrolero y energético. Pemex y CFE seguirán siendo monopolios, aunque buscaran la manera de aumentar la producción y reducir costos mediante la asociación de privados.

En pocas palabras, privados van a hacer lo que Pemex no puede con la condición de que se cubrirán costos y se llevarán una parte de las utilidades, pero dejarán el producto para que el gobierno siga siendo el único oferente de los mismos.

Por su parte, el cambio al artículo 28 elimina el monopolio del Estado en algunas partes de la cadena productiva, luego de la extracción del petróleo, específicamente en refinación y transporte. Aunque hay que mencionar que todo esto se hará de manera regulada y sin que el Estado pierda la rectoría de los productos.

En cuanto a los cambios al régimen fiscal de Pemex y CFE, así como de su estructura, eso tendrá que hacerse en las leyes orgánicas de las instituciones, por lo que no podemos considerar que sean parte de una gran reforma.

Una crítica a la reforma sería que la energía va más allá de hidrocarburos y electricidad. Hay otro tipo de energías que no se han contemplado y que debería prestárseles más atención.

Nuevamente habrá que estar pendientes a cómo se vayan a legislar las leyes secundarias. Será ahí donde se establecerán los detalles de los contratos de utilidad compartida y los requisitos para producir electricidad.

Asimismo, habrá que esperar a la reforma fiscal, donde veremos qué incentivos habrá para las empresas que se animen a participar, así como los cambios al régimen de Pemex. Estos cambios, según se anunció, dejarían de ordeñar a la paraestatal, enfocándose en fortalecerla y a utilizar lo que vaya a las arcas de la federación para impulsar el desarrollo a largo plazo.

Esperemos impacientemente para ver si es cierto que todo esto realmente se verá reflejado en nuestros bolsillos con menores precios. Aunque para empezar a ver resultados quizá necesitemos, por lo menos, esperar al final del sexenio.

En conclusión, mi opinión es que la reforma energética dista mucho de dar las condiciones para que el sector dé todo su potencial, aunque en teoría debería ser suficiente para abaratar los precios de los productos en el mediano plazo y darle un respiro.

Foto: Facebook de Presidencia