El Filux se ve mejor en foto

Como se los anunciamos hace unos días, desde el jueves pasado y hasta el próximo domingo 10 de noviembre, se estará llevando a cabo en la capital mexicana el Festival Internacional de las Luces (Filux), un evento que ya tiene su historia en el viejo continente y que este año llegó por primera vez a tierras latinoamericanas. Como seguramente le pasó a alguno de ustedes, la promoción y las fotos que vi me convencieron de que este era un acontecimiento que había que vivir. Desafortunadamente, la noche del viernes bastó para demostrarme que este es un festival que se ve mucho mejor en foto que en la vida real.

Primero que nada, hay que decir que el Festival de las Luces es un evento de gran tradición en Europa, en el que los organizadores utilizan los edificios más importantes de cada ciudad para mostrar diversas propuestas multidisciplinarias que, en muchos casos, rayan en lo espectacular. Para el caso de México, el plato fuerte parecía ser la propuesta titulada "El origen del mundo" de Miguel Chevalier, artista francés reconocido como uno de los pioneros del arte virtual y que en esta ocasión se encargó de iluminar la fachada del Palacio de Bellas Artes.

Por ello, mi recorrido tenía la intención de comenzar precisamente en este bello monumento de mármol, sin embargo, una salida del metro equivocada me llevó camino a Garibaldi para finalmente desviarme hacia Filomeno Mata y llegar a la Plaza La Conchita, con una breve parada en Donceles. ¿Qué vi en esta primera parte? Primero que nada la Plaza Tolsá estaba tan oscura como el Caballito de la polémica, esto a pesar de que en el mapa se prometía Turibus, una proyección de Errantes. Si finalmente se concretó la misma, nunca lo sabré, pero las dos veces que pasé por ahí no vi más que las luces de los edificios del área.

Por otro lado, tanto en la calle Filomeno Mata como en la Belisario Domínguez presencié las instalaciones realizadas por los vecinos del Centro Histórico, valiosas por su esfuerzo y porque, a diferencia de algunos de los proyectos de arte profesional, fue fácil disfrutarlas sin necesidad de pelear con todo el mundo o esperar horas en una fila. Continuando con nuestro camino, en la iglesia de la Plaza La Conchita me encontré una escultura de luz de Valeria Florescano que, si bien luce interesante, parece más un proyecto escolar que algo que haga buen uso de la arquitectura de la zona.

globos

Haciendo caso a la ruta marcada por el evento, decidí continuar por Belisario Domínguez para buscar las siguientes instalaciones, aunque a medio camino me desvió el delicioso olor de los Food Trucks instalados en un estacionamiento de la calle. Desafortunadamente, en lo que posteriormente confirmaría parece ser la constante de este festival, una planeación deficiente provocó que saliera con las manos vacías, pues el estacionamiento no sólo es muy pequeño, los puestos tienen muy poco personal para atender a mucha gente, de hecho, yo creo que no había más de 70 personas adentro, una cantidad ridícula si de verdad queremos que este sea un programa que atraiga a toda la ciudad.

Minutos más tarde llegué a la Plaza de Santo Domingo para el performance de Flow Fabric Art titulado "Fuego". Nuevamente, la gran cantidad de gente que se ubicaba alrededor del centro de la plaza (y eso que ya eran casi las 10 de la noche) y la falta de un templete o instalación frustraron mis planes. Alcancé a ver un poquito a través de las decenas de cabezas y creo que por los aplausos del final el espectáculo fue bueno, pero honestamente es imposible que más de 100 o 150 personas puedan ver esta actuación si no hay al menos una tarima que los separe de la audiencia.

Ya con la frustración encima, decidí recortar mi camino y devolver mis pasos hacia Bellas Artes. Aquí me encontró una avenida cerrada a la circulación y una plaza llena que disfrutaba las diversas proyecciones que cambiaban de tono los mármoles de la fachada de Bellas Artes. El resultado es bonito, por momentos interesante, pero pierde mucho la vistosidad por la colocación de las torres de proyección, que impiden una vista completa de la fachada desde lejos. Sin embargo, a pesar de ello debo decir que así me imaginaba el resto de los trabajos y no las cosas tan mal planeadas o pobres que vi.

Finalmente, la Alameda me encontró a oscuras para las prometidas proyecciones en el Kiosco, que tampoco encontré ya, aunque sí alcancé a ver un poco de Los nidos, la proyección de Lución Media que quizá fue lo más apegado que vi a las fotos que utilizaron los organizadores para promocionar este evento. Como verán, me faltó la instalación del Antiguo Palacio que, parece, tampoco tenía mucho de interesante, los globos de cantolla de la Plaza Garibaldi que al parecer no funcionaron como se esperaba (en La Conchita tampoco hubo vuelo), y las cajas de luz en el Palacio de Autonomía, que honestamente sí me hubiera gustado ver.

En resumen, ¿vale la pena asistir al Festival Internacional de las Luces? Sí, pero no esperen mucho. Honestamente, más allá de las proyecciones en el área de La Alameda y los performance, no hay mucho que ver. Además, el recorrido es largo y francamente es muy cansado intentar hacerlo todo en un sólo día, aunque sí tiene su encanto caminar por las calles del centro de noche sintiéndose seguro. Tampoco esperen mucho del transporte, pues la oferta es muy poca para la demanda, que además seguramente aumentará hoy y mañana. Eso sí, les recomiendo que lleguen en metro y no insistan en acercarse en carro a la zona pues el tráfico es mucho y además la cantidad de gente en las calles hace peligroso el tránsito.

Asimismo, les recomiendo que, si tienen hambre, busquen un lugar de confianza y no se queden en el área de food trucks, pues tendrán que esperar bastante para poder consumir. Buena parte de los locales de la ruta también estaban muy llenos (incluso los puestecitos de La Alameda) pero con algo de paciencia y conocimiento seguramente encontrarán una mejor opción. Quizá la mejor recomendación que puedo hacerles es que no intenten ver todas las atracciones y opten por aquellas que están en casas de cultura y museos, pues hay un ambiente más controlado y, quizá, menos gente y más esfuerzo por parte de los artistas.

Finalmente, lo cierto es que en una ciudad tan grande como esta es imposible esperar que un evento como el Festival Internacional de las Luces no llame la atención de muchos, no obstante, también es cierto que las áreas elegidas por los organizadores y la falta de producción traen consigo incomodidad y decepción pues, de haber escogido lugares mucho más abiertos, con tarimas o añadidos, hubieran dejado mucho más contentos al público asistente. Y digo esto porque por lo que he visto en redes sociales, no soy la única que salió decepcionada de este festival. Ojala los responsables se pongan las pilas y mejoren para el siguiente año, pues es una pena que el Filux se vea mejor en foto que en la vida real.